Misión Imposible 5: Nación secreta (HS)

Misión termita
Por Hernán Schell
Publicada originalmente en El Amante #276

Atención: se revelan importantes detalles argumentales

Mientras veía Misión Imposible 5 me preguntaba dos cosas. La primera es por qué el recurso de la vuelta de tuerca argumental (algo que, salvo raras excepciones, detesto) me resultaba acá brillante y digno de festejarse, y por qué desde un primer momento supe que el personaje de Ilsa Faust (Rebecca Ferguson) estaba del lado de los buenos. Empezando por la primera cuestión, puede decirse que Misión Imposible 5 no utiliza acá la vuelta de tuerca como forma de disfrazar un mecanismo narrativo perezoso de astucia, sino que las muchas sorpresas en el guión están hechas para ponernos en el lugar de personajes que viven en un mundo de engaños permanentes. En segundo lugar, acá las vueltas de tuerca argumentales son tantas y se explican de forma tan clara que terminan siendo una forma de mostrar un virtuosismo narrativo genuino. Traten sino de hacer el ejercicio de contar verbalmente la cantidad de cosas que suceden en esta película: con sus traiciones, sus cruces de agencias, y las actitudes misteriosas de sus personajes. De inmediato verán la increíble habilidad de esta película para exponer con fluidez aquello que, mal llevado, hubiera provocado un estado de confusión en el espectador (pienso qué hubiera sucedido si un proyecto así hubiera sido dirigido y guionado por Nolan).

Lo relacionado con el personaje de Ilsa Faust se responde de forma más sencilla: supe desde un primer momento que estaba del lado de los héroes sencillamente porque tiene cara de buena, algo que es un indicio obvio en una película donde sus tres villanos principales están estereotipados como seres fríos. De hecho, esta forma de usar malvados tan evidentes me recordó a las películas de slapstick mudo, género con el que Misión Imposible 5 tiene más de un  punto en común –tal y como lo insinuó Juan Pablo Cinelli en su recomendable crítica sobre la película-.

Véase sino: buena parte de Misión Imposible 5 consiste en mostrar a su protagonista ingeniandoselas como puede y con lo que tiene a mano en espacios que lo ponen en apuros permanente: tener que liberarse de un palo al que está atado; tener que sostenerse de la puerta de un avión mientras está en el aire; ir con el auto por unas escalinatas porque es la única vía posible para una persecución; aprovechar que no pueden matarlo para utilizarse a sí mismo como escudo humano en un tiroteo; o tratar de cambiar un código de acceso bajo el agua con el riesgo de que cada tanto lo golpee una hélice. En medio de eso sucede algo que suele pasar mucho con los héroes del slapstick: tiene golpes de suerte (suerte que, por otro lado, adelanta una comisión al principio de la película cuando dice que muchos de sus logros se deben al azar): elige entre dos tarjetas idénticas justo la indicada para cumplir con su misión, es rescatado por un compañero de equipo en el momento en que una persona va a asesinarlo o tiene la fortuna de que la agente Jennifer esté cerca de él para salvarle la vida una que otra vez.

En el transcurso de estas escenas de acción y vueltas de tuerca de todo tipo están también los personajes. No son dechados de profundidad psicológica –esa dudosa virtud que de vez en cuando algún  crítico reclama como si fuese algo indispensable–, pero sí seres a los que la película tiene la habilidad definirlos de forma contundente en un par de acciones. Sabemos del férreo sentido de la amistad de Benji Dunn por un monólogo breve, de la habilidad para la simulación de William Brandt por un engaño telefónico, del conocimiento y la confianza que tiene Ilsa de la personalidad de Cruise por atreverse a ponerse frente a la ruta sabiendo que no será atropellada por la moto que él maneja y es por el engaño final que le hace Cruise al villano que sabemos lo significativo que fue para él el asesinato de la disquería. También, por supuesto, sabemos por algunas acciones de la película el costo que sus personajes pagan por el oficio que tienen y su vocación de espías: su paranoia permanente a ser vigilados –incluso por aquellos que están de su lado–, su imposibilidad de tener algún tipo de relación duradera o siquiera normal fuera de lo profesional.

Por eso quizás la calificación de hitchcockiana que se le ha dado a la película no sea del todo certera. Aquel homenaje a El hombre que sabía demasiado de la secuencia virtuosa de la ópera, funciona más como un guiño a una escena específica que como una señal de la principal influencia de la película. Hitchcock trabajaba con personas comunes y ensayaba la posibilidad de una aventura disparatada con personajes que debían adaptarse a un contexto para el que nunca estuvieron preparados. En general, el cine de Hitchcock termina con sus propios personajes volviendo a su hogar con su familia o formando una pareja. Sin embargo Ethan Hunt es una persona excepcional inmersa en situaciones del mismo estilo, a la cual el mundo de lo cotidiano le es totalmente ajeno.

Si se piensa, Misión Imposible 5 no se parece a nada que haya hecho el cine de acción en los últimos años. No ha ido por el lado de hacer una película de acción oscura con héroes torturados, no ha querido ir por el lado de una acción paródica y consciente de su propio carácter disparatado, no ha querido tampoco parecerse a James Bond al construir un héroe de una personalidad mucho más frágil. Pero ante todo hay algo que hace a esta película diferente a lo que se ve habitualmente y es que trata de huir de la espectacularidad y la grandilocuencia como golpe de efecto. Hay una sola explosión en esta película (que además está filmada de un modo breve) y se da el lujo de dejar fuera de campo la que pudo haber sido la más espectacular de todas sus escenas (aquella del inicio, que podría tener a Tom Cruise cayendo en paracaídas con la carga armamentística que secuestra). De hecho, la tensión de Misión Imposible 5 está en una sucesión de escenas de acción  breves y todas diferentes entre sí y la resolución final no termina consistiendo en otra cosa que en el villano principal siendo encerrado en un cubo blindado para ser llevado a la policía. Es como si la propia película no estuviera dispuesta a pensar su lógica de acción en la idea de ir llevándonos a escenas cada vez más impresionantes sino la de ir construyendo momentos intensos sin pensar en cuál será el más gigantesco de todos. El gran crítico americano Manny Farber hubiera llamado a esta película un digno exponente del Arte Termita, al ser un relato que no intenta llevarnos a un lugar determinado sino que parece que va construyendo su belleza en la medida en la que se va armando. Quizás por esto estamos ante la Misión Imposible que menos reposa sobre un conflicto personal. No hay acá un espía que debe saber quien de sus compañeros es un traidor como en la I; no hay una historia épica de héroes y villanos como en la II; no estamos con un Cruise que debe proteger la vida de su novia como en la III; ni siquiera en la IV, donde al menos teníamos el conflicto de Jeremy Renner y el pasado posiblemente tortuoso de su protagonista. Esta última entrega parece ser la menos atada a una narración convencional, la más entregada a la idea de un cine entregado a la aventura por la aventura en sí.  Misión Imposible 5 es, ante todo, puro movimiento y creatividad al servicio de un entretenimiento que es al mismo tiempo, sólido en su estructura y libre en su forma de proponerlo. 2015 se ha vuelto un año más feliz gracias a su existencia.

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