Día 12 | Cannes 2016

Por Fernando E. Juan Lima

Publicada el 23/05/16

Último día del festival, las secciones paralelas terminaron el viernes (Semaine de la Critique) y el sábado (Quinzaine des réalisateurs), con la posibilidad de recuperar alguna película que se había escapado. Lo propio sucede en el día de hoy, domingo, que permite ver en las salas del Palais las 21 películas de la Competencia Oficial. Es el primer año en que he visto todas las películas de la sección principal competitiva, y sin dudas es el mejor de los 7 en que he estado en la muestra, cubriéndola para El Amante. Escribo estas líneas cuando aún los premios no se han otorgado, y si bien pienso que lo mejor llegó sobre el final, con Elle de Verhoeven, existen entre 6 y 10 opciones buenas o dignas para un reconocimiento sustentable. En estos días hemos hablado de ellas: Alain Guiraudie, Maren Ade, Bruno Dumont, Kleber Mendonca Filho, Puiu serían excelentes Palmas de Oro, por ejemplo.

Con 60 películas vistas, y ya en el vuelo de regreso (pensando en enviar estas líneas en la escala), recuerdo algunas de las que no he tenido tiempo de comentaros.

Peshmerga, de Bernard-Henri Levy, presentada a último momento, fuera de programa, tiene más relevancia por alguna de sus imágenes que por su valor cinematográfico. De hecho la película es definitivamente de propaganda, con la voz del filósofo/realizador, imponiendo su visión en algo que no pretende en momento alguno salirse de la lógica del documental televisivo. La pelea de los kurdos (aliados con la coalición occidental) contra ISIS es el tema y la proyección fue un evento al que concurrieron militares y autoridades. La seguridad (ya más estricta este año) fue reforzada al punto de que el acceso a las cercanías de la sala Bazin (incluso a los baños) fue vedado y, más allá del control realizado para ingresar al Palais, el público fue escaneado nuevamente antes de entrar a la proyección. Película evento más que otra cosa, lo que no deja de llamar la atención son las imágenes de esto que está pasando ahora, acá nomás, al otro lado del Mediterráneo.

Forushande, de Ashgar Farhadi (La separación) confirma que estamos ante un director al que siempre vale la pena prestar atención, aun cuando no sea esta su película más lograda. La película comienza abruptamente, con las corridas y los ruidos de un edificio que amenaza venirse abajo. La pareja protagónica, dos actores que están ensayando La muerte de un viajante, debe conseguir urgente un lugar para vivir, y el lugar que consiguen -descubrirán  luego- era habitado por una prostituta. El tema es que una tarde, en una «confusión», un viejo cliente entra a la casa y abusa de la mujer. O intenta hacerlo, ya que el fuera  de  campo nunca nos mostrará qué es lo que pasó. Así ese ocultamiento juega en dos dimensiones distintas: una, la de la intriga pues nunca sabremos si el intruso sólo le pegó a la protagonista o hubo otro tipo de situación, y la otra la de la censura, aquella que no permite hablar de ciertas cosas y la que nunca permitiría mostrar una violación en el cine iraní. La censura también está presente en la naturalidad con que se comenta que antes del estreno deberá pasarse por el filtro del control estatal. La sensación de estar siempre observados y controlados, por supuesto, no solo tiene que ver con la burocracia administrativa; el qué dirán, los familiares y vecinos forman parte de esa paranoia desatada en la que todos parecen vivir.

Dog eat dog, de Paul Schrader, película de cierre de la Quinzaine des réalisateurs es una obra menor, una -por momentos- divertida película clase B, con Nicolas Cage y Willem Dafoe desatados como todo gancho. Tres criminales que intentan salvarse con un secuestro no lo comienzan sino asesinando a quien debería pagar la recompensa. Que de eso viene la cosa, que así y todo tiene a favor que una cosa es hacer una película con poca plata intentando entretener al público, como es el caso, y otra «redimir» desde el altar de Cannes un género al que culposamente se considera espúreo, que parece que es lo que quería Nicolas Winding Refn en The neon demon.

Blood father, de Jean-Francois Richet fue la última proyección de trasnoche, ya comenzado el domingo (esa función que debiera empezar a las 00:00 ó 00:30 pero nunca empieza antes de la 01:00). Padre e hija como en Búsqueda implacable, aunque con un contenido algo menos fascistoide que esa saga. Y es que Mel Gibson es bastante mejor héroe de acción que Liam Neeson. Alguna escena de tiros interesante y unos cuantos chistes relacionados con nazis y discriminaciones varias que juegan con lo que ya conocemos del demente director de Apocalypto. El director es francés pero filma en EE.UU. y se garantiza la presencia de Mel Gibson en el festival (señal de que Cannes adopta a quien en Hollywood cada vez más parece un paria), eso es lo que explica esta decisión de cierre.

La Quinzaine des réalisateurs repite las películas premiadas (la sección no es competitiva pero diversas instituciones, fundaciones y empresas otorgan algunos reconocimientos) y ver las tres de corrido da cuenta de lo floja que ha sido esta sección este año (más allá de que no la hemos visto completa, y siempre puede ser que los jurados la chinguen fiero, pero…). Wolf and sheep, de Shahrbanoo Sadat, es una típica National geographic-movie, con mucho color (local y del otro, el de las vestimentas de los protagonistas). Algo de tradiciones y mitos de Afganistán, encantadores niños en pantalla todo el tiempo: ideal para llevarse algún premio y tener el estreno mundial asegurado. L’effet aquatique, de Sólveig Anspach, sigue con el paneo por el mundo (Islandia esta vez), pero por suerte con una comedia. Ida y vuelta entre Francia e Islandia, el tono lunático de esta historia romántica con eje en el mundo de las piscinas públicas es simpática y con eso le basta para ser la mejor de las laureadas. Por último, Mercenaire, de Sacha Wolff. Esta vez el viaje es entre Nueva Caledonia y Francia. El color local lo da el rito maorí y el asunto viene por el lado del chico que es llevado a Europa para jugar al Rugby. La película de deporte es mucho mejor que la de denuncia.

Ha terminado un buen año. Nos volvemos a encontrar en 2017.

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