Cannibalismos 5

3 Faces, Jafar Panahi (Sección Oficial)
Les filles du soleil, Eva Husson (Sección Oficial)
Lazzaro felice, Alice Rohrwacher (Sección Oficial)
Petra, Jaime Rosales (Quincena de los Realizadores)

Por Jaime Pena
13/5/18

Un video desesperado de lo que parece un suicidio de una joven a la que su familia impide que se traslade a Teherán a estudiar interpretación impele a Jafar Panahi y la actriz Jafari Behnaz a desplazarse hasta el noroeste del país para resolver el misterio de la desaparición de Marziyeh. 3 Faces se convierte entonces en una película de viajes al más puro estilo del Abbas Kiarostami de Y la vida continúa, con algunos elementos iniciales, la cámara en el salpicadero del coche, tomados de Ten. En realidad toda la película parece un homenaje a Kiarostami, con un segmento central inspirado en El viento nos llevará y un final que recuerda a A través de los olivos. La película está llena de pequeñas paradojas humorísticas (cómo adaptar la vida contemporánea a las circunstancias de un aislado pueblo de montaña) y, como muchas de las de Panahi, en especial El círculo, es una denuncia de la condición de las mujeres en el Irán actual, de forma mucho más acusada en las más alejadas áreas rurales.

 

Marziyeh quiere ser actriz, como Ertheghael Maedeh, que vive en el mismo pueblo después de dos años dedicada al cine, aunque ahora se centra más bien en la pintura. Entre Behnaz, Marziyeh y Maedeh se establece una solidaridad capaz de vencer cualquier reticencia cultural o religiosa. Mientras, Panahi apenas abandona su posición en el asiento del conductor. Se le agradece que anteponga el problema de Marziyeh a los suyos propios, que deje que sean las mujeres quienes lo resuelvan.

 

En Les filles du soleil también son las mujeres las que han de tomar las armas, literalmente, para poder salvar a sus hijos. Estamos en el Kurdistán, en una ciudad que ha sido tomada por ISIS. El segundo largometraje de Eva Husson, tras su lamentable debut, Bang Gang, es una ambiciosa producción de la industria francesa que imita los modelos de intervención política del cine de Hollywood en conflictos foráneos. Aquí tenemos a una fotógrafa francesa (Emmanuelle Bercot) que se traslada al Kurdistán para testimoniar con su cámara la ofensiva que va a lanzar contra los islamistas radicales un comando compuesto solo por mujeres y encabezado por Bahar (Golshifteh Farahani). A partir de este momento el papel de la fotógrafa será mínimo, solo justificado en términos de producción y para garantizar un mínimo de diálogos en francés e inglés. La ofensiva militar está resuelta con una funcional corrección (el salto de filmar una orgía a un un combate es complicado), pero esta apenas ocupa una parte del metraje, pues buena parte de la película está centrada en los flashbacks que nos muestran el cautiverio anterior de Bahar y su huida, con el parto de una de sus compañeras de cautiverio como perla final. Todo en aras de congeniar el sentimentalismo más burdo con el horror de la guerra. Michel Hazanivicius (The Search) y Sean Penn (The Last Face) constituyen los poco ilustres precedentes de Les filles du soleil en la competición de Cannes.

 

La película de Husson, su historia, tiene algo de fábula irreal; dice estar inspirada en hechos reales, pero nada en ella resulta verosímil, empezando por el hecho de que conjuga malamente dos películas y por la impostura del personaje que interpreta Bercot. Por el contrario, Alice Rohrwacher nos cuenta una historia absolutamente fantástica como lo que es, una fábula moderna, y el resultado no puede ser más plausible. Lazzaro felice retrata una comunidad aparentemente feliz, la de varias familias de jornaleros que desde generaciones atrás trabajan para una marquesa que se ha hecho rica gracias al tabaco. Lo que no saben los jornaleros, porque viven aislados del mundo, es que la condición de esclavos en la que viven es una anomalía y una absoluta ilegalidad. Este modelo feudal acabará siendo descubierto por la policía, que lo desmantelará, mandando a la marquesa a la cárcel y a los jornaleros a vivir malamente en Milán.

 

Poco antes, el joven Lazzaro trabará amistad con el hijo de la marquesa y se dejará embaucar con sus extraños planes. Pero Lazzaro se cae por un barranco justo cuando los carabineros entras en la finca de la Inviolata y es dado por muerto. Reaparecerá unos veinte años después haciendo honor a su nombre para reencontrarse con sus viejos camaradas, imaginando que todavía es posible reconstruir los lazos de la Inviolata. El poder perturbador de esta fábula distópica contrasta con la pureza de sus imágenes cristalinas, debidas a la cámara etérea de Hélène Louvart, que se mueve a sus anchas, sobre todo en los espacios abiertos del campo. Filmada en cine, Lazzaro felice se proyectó también en 35mm, una anomalía hoy en día, pero una muestra del compromiso de Rohrwacher para con sus imágenes.

 

A Louvart hay que atribuirle también algunas de las virtudes de Petra, de Jaime Rosales, quizás la mejor película de su filmografía. La cámara de Louvart le proporciona un falso aire impresionista que, poco a poco, los personajes se encargan de enturbiar. Sostenida también sobre las interpretaciones de Bárbara Lennie y Marisa Paredes, Petra se va desvelando poco a poco como un folletinesco melodrama de paternidades desconocidas o falsas, traiciones, suicidios y asesinatos. La propia estructura de la película, que altera el orden lógico de los capítulos (al 2 y al 3 sigue el 1, por ejemplo), se desvela como un inteligente mecanismos de suspense, pese incluso a que cada capítulo anticipa el tema que va a tratar. Sin duda, algunas de las situaciones chirrían (la escena en el hotel entre Teresa y Jaume, con este diciendo que el sexo sin humillación no le interesa), pero pronto somos conscientes que sus excesos dramáticos son inherentes a su condición de melodrama popular y, como queda demostrado con su final, profundamente emotivo.

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