MK Ultra
wormwood
Wormwood

Por Gustavo Noriega

Dos miniseries disponibles en Netflix, basadas en hechos reales, muy distintas estéticamente entre sí, tienen en común que, de manera directa o indirecta, refieren a uno de los programas más delirantes y menos conocidos desarrollados por la CIA durante la guerra fría.

Una de ellas es Wormwood, el último trabajo del gran documentalista Erroll Morris (quien ganó el Oscar por The Fog of War, una extensa y fascinante entrevista al secretario de guerra durante el conflicto con Vietnam, Robert McNamara). Wormwood cuenta la historia de Frank Olson, un bioquímico que trabajaba para la CIA y que en 1953 cayó desde el piso 13 de un hotel en Nueva York. Más allá de los detalles de la serie, donde se discute si Olson se suicidó en un brote psicótico o fue asesinado, lo cierto, admitido por el gobierno norteamericano en 1972, es que unos días antes de su muerte, a Olson le fue suministrado LSD sin su conocimiento para estudiar su reacción.

La experimentación de sustancias químicas en seres humanos sin consentimiento fue sólo uno de los ítems del Proyecto MK Ultra, desarrollado por la CIA entre mediados de la década del 50 y la del 60. Además de suministrar drogas, la Agencia hizo experimentos de hipnosis y de quiebres de voluntad mediante interrogatorios severos y al borde de la tortura.

Justamente esa fue la experiencia de Ted Kaszynski cuando fue estudiante de Harvard. ¿Qué quién es el tal Kaszynski? Bien, nada menos que el Unabomber, el activista ultraliberal que tuvo en vilo a los Estados Unidos entre 1978 y 1995 enviando cartas bomba por correo. Cuando era joven, Kaszynski fue un aventajado estudiante  de Harvard. La CIA, en complicidad con algunos profesores, sometía a algunos estudiantes a procesos de “lavados de cerebro”. La escena está representada en Manhunt: The Unabomber, otra serie Netflix, en donde se cuenta la búsqueda del Unabomber por parte del FBI. El capítulo 8, dedicado a la vida de Kaszynski, muestra de manera estilizada ese interrogatorio.

El Proyecto MK Ultra tiene ribetes tan escandalosos que parecen inventos de una mente propicia a las hipótesis conspiracionistas. Así fue cómo leímos en la década del 80 la novela de Stephen King Ojos de fuego, en donde una organización siniestra, paraestatal, llamada La Tienda, interfería en la vida de ciudadanos. La Tienda, ahora advertimos, era una referencia directa al proyecto MK Ultra.

Según la entrada de Wikipedia, “Los experimentos fueron exportados a Canadá ​cuando la CIA reclutó al psiquiatra escocés Donald Ewen Cameron, creador del concepto de “manejo psíquico” en el cual la CIA estaba particularmente interesada. Cameron deseaba corregir la esquizofrenia por medio del borrado de memorias existentes y reprogramación de la psique. […]  Además del LSD, Cameron experimentó con varias drogas paralizantes y también con terapia electroconvulsiva a 30-40 veces la dosis de electricidad recomendada. Sus experimentos conductistas consistieron en poner a los sujetos en estado de coma inducido por medicamentos durante semanas (hasta tres meses en un caso) mientras se reproducían sonidos repetidos o simples declaraciones repetitivas. Sus experimentos se llevaron a cabo normalmente sobre pacientes que habían entrado en el instituto para problemas menores, como los trastornos de ansiedad y la depresión posparto, muchos de los cuales sufrieron daño permanente a causa de sus acciones.​ Sus tratamientos produjeron en sus víctimas incontinencia, amnesia, olvidaron cómo hablar, olvidaron a sus padres, o pensaron que sus interrogadores eran sus padres.​”

Paradójicamente, en el MK Ultra se entrecruzaron dos zonas de EEUU totalmente contrapuestas:  la búsqueda de libertad, a través de la experimentación con drogas, y el control social por parte del Estado a través de sus agencias más secretas. Entre los voluntarios para experimentar con LSD (no todos eran compulsivos) figuran Ken Kesey y Robert Hunter. Kesey es el autor de One Flew Over the Cuckoo’s Nest, la novela sobre la cual se basa la película Atrapados sin salida. Y Robert Hunter fue un letrista compañero de aventuras de la banda Grateful Dead. Para Kesey, según se cuenta en esta nota , la participación en un experimento con LSD durante sus años de estudiante en la Universidad de Stanford fue su entrada al mundo de la psicodelia y al conocimiento del funcionamiento de las instituciones de salud, experiencia que cristalizaría en su famosa novela.

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