Pies en la tierra

Argentina, 2013, 108′

DIRECCIÓN
Mario Pedernera

GUIÓN
Mario Pedernera

FOTOGRAFÍA
Sebastián Ferrero

INTÉRPRETES
Francisco Cataldi, Carlos Belloso, Rito Fernández y otros.

Una-historia-en-silla
Por Nadia Marchione

Pies en la tierra es una película que desde su argumento recuerda mucho a Una historia sencilla, de David Lynch. Pero no es una tarea simple la de traer a la memoria del espectador una película de Lynch y salir airoso en la comparación. Pies en la tierra no lo logra por un elemento fundamental del que carece, y sin el que el cine de Lynch en su totalidad no sería lo genial que es: el humor.
Cuando se retratan personajes sufridos hay muchos caminos posibles, pero hay dos completamente antagónicos: uno, el más transitado quizás (o el de más fácil acceso) es el camino que se eligió para contar la historia de Juancho, el protagonista de la película: la autocompasión. Si bien su tono parco, sus pocas palabras y la sobriedad de Cataldi en el decir son un acierto, el hecho de que esto no tenga matiz alguno a lo largo de toda la película da cuenta de un personaje que se vive desde fuera, se tiene pena y se toma demasiado en serio a sí mismo. No voy a negar aquí que en la vida real hay mucha gente que atraviesa sus tragedias cotidianas de ese modo, pero sí diré que es un camino muy poco interesante a la hora de enriquecer y darle consistencia a un personaje.
Lynch, por el contrario, toma un sendero mucho más personal para retratar la fealdad de la vida: el del humor. El humor no es sólo contar chistes y hacer reír. Ser capaz de ver la vida con humor es poder traducir las tragedias en absurdos que adquieren así dimensiones tan universales que terminan identificando a cuanta persona sea capaz de llegar a ellos (véase si no también el caso de Samuel Beckett, maestro del absurdo, que supo retratar a sus personajes con tanto humor como tragedia). En cambio, si uno se deja llevar a la hora de escribir, interpretar un personaje o dirigir una película, por la autocompasión, la pena o la lástima, el resultado es el alejamiento inmediato del espectador: se lo coloca en un nivel (mucho más cómodo, claro) de superioridad y “sanidad” por sobre el personaje, que hacen que el acto de conmover sea mucho más forzado (muchas veces apoyado en la música subrayadora, como es el caso de las escenas de Juancho llorando o viendo patinar a su ahijada).
Quizás el personaje más lyncheanamente construido de la película logre ser por momentos (cuando el texto se lo permite) el que encarna Carlos Belloso. Y no es un dato menor que sea él, un actor que se maneja a la perfección en el terreno del humor, el que sacuda de repente el ritmo de la película, dándole una vitalidad de la que la trama carece hasta su aparición y que vuelve a desvanecerse cuando el personaje se aleja con su hijo y su loro en su auto destartalado. La irreverencia, la falta de respeto hacia su personaje, lo vuelven más querible que a cualquier otro que aparezca hasta entonces, humanizan las situaciones y hacen que los trozos de papel de que está hecho un personaje de repente adquieran esa vitalidad necesaria para hacer de eso una persona.
Eso es lo que sabe hacer perfectamente David Lynch. Sin esto, Una historia sencilla no sería lo que es. Sin esto, la riqueza absurda que tiene el planteo inicial de Pies en la tierra (si pensamos en que un personaje que hace kilómetros y kilómetros por la ruta en su silla de ruedas tiene algo de beckettiano por donde se lo mire) se pierde, se anquilosa y se vuelve monótona y aburrida.

Nota del número 256

http://revista.elamante.com/numero/256/

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