Jurassic World

Go Big Or Go Home
Por Emiliano Andrés Cappiello
Publicada originalmente en El Amante #275

Para el cinéfilo que creció durante los ochenta y los noventa, el 2015 es un año especial. La fiebre de la franquicia que infecta a Hollywood ha causado que en un mismo año se estrenen nuevas secuelas de Mad Max (1979), Jurassic Park (1993), The Terminator (1984) y Star Wars (1977). Aunque la inminente Terminator Genisys no promete gran cosa, ya con los estrenos de Mad Max: Fury Road y Jurassic World podemos celebrar, porque han cumplido con las expectativas. Bueno, Jurassic World no es una obra maestra como el film de Miller, pero logra estar a la altura de sus predecesoras. Albricias.

Al momento de planear una secuela, tenes dos opciones: elevar la apuesta o tomar ese mundo ya planteado para focalizarte en un relato más pequeño. Jurassic Park ya conoció ambas. The Lost World (1997), la única secuela dirigida por el mismo Spielberg, retomaba la historia del parque aumentando todo: más gente/carne de cañón, más locaciones, más dinosaurios (con un aumento del 100% en T-Rexs). Jurassic Park III (2001) ya desde el título limitado a sumarle un número demostraba menor ambición. Pero, no confundamos, eso no lo hacía un mal film. La tercera tomaba el camino opuesto a su predecesora, centrándose en una familia y su intento de salir indemne de la isla prehistorica. El film de Johnston no avanzaba la premisa, pero desde su foco más pequeño exploraba el mundo de Jurassic Park a su manera y entregaba otra gran aventura. Catorce años más tarde, Trevorrow se hace cargo del universo de las islas Sorna y Nublar, y para ello elige el mismo camino que su autor original. Go big or go home.

A diferencia de sus dos predecesoras, que partían del planteo final de la original (el parque fracasó y la naturaleza retomó la isla), Jurassic World avanza la cronología y propone un nuevo punto de partida. El parque finalmente pudo abrir sus puertas, gracias a un multimillonario heredero de la visión de John Hammond. Como a Hammond, conocemos al magnate llegando en helicóptero, uno de los muchos paralelismos con el film que comenzó todo. Trevorrow utiliza la consigna del parque realizado gracias a las nuevas tecnologías para otorgarle al film una sensación más cercana a la ciencia ficción, entre girosferas y hologramas, y a su vez para mantener la idea original de la saga de la codicia y el hubris como certificado de perdición. “Verizon Wireless Presents The Indominus Rex” promete la nueva atracción de un parque que para mantenerse a flote intervino aún más en las leyes de la naturaleza, inventando dinosaurios y domando a otros con posibles usos militares (gran antagonista Vincent D’onofrio en el mejor momento de su carrera). Sin ponerse en pose denunciadora, Trevorrow satiriza desde el relato cierta tendencia moderna al interés limitado únicamente a la novedad, con un parque en problemas económicos porque ya ni dinosaurios vivos venden entradas. Como el 3D que inunda la cartelera de cine (dato: ninguno de los tanques cinematográficos no animados del 2015 fue filmado en 3D nativo, sino que fue simulado en posproducción), el Indominus Rex nace como respuesta a un público apático, chiche nuevo para el que se aburre fácilmente.

Las mejores secuelas son aquellas que aceptan el mythos original pero no se quedan en imitarlo sino que buscan nuevas avenidas y evoluciones. Trevorrow utiliza el esqueleto narrativo de Jurassic Park (visita al parque, bichos se sueltan) como medio para explorar nuevas posibilidades de la premisa (otros usos para la genética, dinosaurios entrenados, atracciones en funcionamiento). Trevorrow rinde varios homenajes a Spielberg y a su obra (incluyendo guiños a Jaws), pero no se centra en ello. Lo que algunos interpretan como un intento de “congraciarse con el jefe”, no es sino la emoción y fascinación de Trevorrow para con el mundo al que le han permitido acceso. Por eso hace de Jurassic World una secuela que también funciona como revival, limpiando el tablero y formando nuevas bases para futuros films. Henry Wu (B.D. Wong), el genetista creador de los dinosaurios y único personaje de un film previo que reaparece, funciona como conexión con el pasado de la franquicia y abre las puertas para próximas aventuras.

Los guiños y puntos en común con el primer film son numerosos, pero en esta comparación son las diferencias lo más llamativo. Principalmente respecto a Bryce Dallas Howard,  con un personaje típico de Spielberg (el adulto que perdió contacto con la niñez) pero que en los mundos de Steven siempre es masculino. Chriss Pratt, excelente comediante convertido en excelente héroe de acción, acompaña con nobleza, pero es Howard quien carga con el peso emocional del film en sus hombros. Cuando se vio el primer trailer del film, muchos pegaron el grito en las redes sociales (entre ellos, Joss Whedon) por un supuesto retroceso en la representación de los personajes femeninos, ya que parecía que el rol de Howard se limitaba al de dama en apuros. No podrían haber estado más equivocados en su precoz análisis. Howard es la figura central de Jurassic World, continuando el gran año para las heroínas que es el 2015.

A pesar de dar algunos pasos en falso, principalmente en su atolondrado uso del clásico leit motiv musical, Jurassic World es uno de los preciados films que justifican, o al menos redimen en parte, la sed actual de revivir clásicos a mansalva.

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