Hombre irracional

Por Emiliano Andrés Cappiello

Como en Crímenes y pecados (1989) y Match Point (2005), Woody Allen vuelve a revisitar Crimen y castigo en Irrational Man, otro film sobre las consecuencias morales y psicológicas de cometer un crimen. Su existencia podría explicarse por afán completista. Ya tenía la obra maestra y el bodrio infame, en orden de estreno, y ahora finaliza la trilogía abarcando todo el espectro de calidad con un film mediocre.

Irrational Man es una película incompleta: para comedia carece de humor, para thriller le falta complejidad a la trama y no llega nunca a la intensidad de un drama. Como la gran mayoría de los personajes que ha interpretado ese adoquín dopado llamado Joaquin Phoenix en su carrera, la película parece simplemente sufrir de desgano. El mayor atractivo en la pantalla son ellas: Emma Stone y Parker Posey. Incluso cuando sus films decepcionan, la pericia de Allen para filmar a sus actrices es infalible. El año pasado ya disfrutamos de Emma en la encantadora Magia a la luz de la luna, y aunque esta vez le toca un rol mucho menos interesante como la estudiante que se enamora del personaje de Phoenix, ella logra elevarlo por encima de lo que el guión le provee a puro carisma. Posey, histórica Reina Indie de los 90 y habitué de los mockumentaries de Christopher Guest, es la que más se destaca con su profesora tan madura como frágil, aunque es una lástima que su primera colaboración con Allen sea en un film tan carente de sustancia.

Era relativamente chico cuando vi Crímenes y pecados por primera vez, y a pesar de mi pésima memoria, la película me quedó grabada casi en su totalidad desde ese momento en adelante, desde el chiste de “Me fui por la ventana” hasta esa desoladora conversación final entre los personajes de Allen y Landau. Dudo que muchos recuerden algo de Irrational Man dentro de unos meses. Sin entusiasmo, avanza de planteo a clímax con desesperante parsimonia. Cuando el plan de homicidio se presenta promete agarrar momentum, pero se pierde entre las mismos diálogos sobre-explicativos que la plagan desde el comienzo.

Irrational Man es una de esas películas que Woody hace porque necesita de la actividad, de la ocupación que la realización que un film significa. Aunque tiene los elementos necesarios para hacer algo bueno, parece más preocupado por entregar un producto en tiempo y forma que por la calidad final obtenida. Un film para mantenerse en movimiento, útil en ese sentido, pero artísticamente irrelevante.

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