El rincón del Viejo Canalla
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MARIANA AVENA. Joyas de mi país. Epsa 1439.

Sobrina del gran guitarrista y compositor Osvaldo Avena, Mariana está radicada en Brasil desde 1980, donde ha sido la vocalista del grupo Raíces de América, además de haber desarrollado un importante trabajo como solista en aquel país.  Es posible que las reuniones que se realizabana en su casa, con la presencia de relevantes músicos hayan sido la piedra basal de su interés, por el tango, el folclore y la música latinoamericana, habiendo trabajado también antes de su partida con el poeta Héctor Negro, inseparable compañero de su tío. Esas variables  se dan cita en este trabajo en el cual, Mariana Avena desarrolla un repertorio en el que se pueden detectar las vertientes antes citadas. Con un registro vocal grave y profundo y una perfecta afinación y dicción, y acompañada por un grupo de muy buenos músicos (la mayoría de los arreglos son del pianista Leonardo Marconi), Avena ofrece un programa en el que predominan la música urbana y el que adquiere preponderancia la interpretación de seis obras de Eladia Blázquez. Algunos de esos temas, están entre los picos del disco, como es el caso de sus versiones de A un semejante, en este caso solo acompañada por el piano de Mario Parmisano,  El corazón al sur,  Siempre se vuelve a Buenos Aires y Con las alas del alma, con un seductor arreglo de Flavio Medeiros. También Parmisano es el acompañante de lujo en el hit de Facundo Cabral No soy de aquí ni soy de allá, hay dos buenas interpretaciones de Milonga para una calle y Milonga del trovador y en Vuelvo al sur, la sensible participación del bandoneón de Néstor Marconi potencia el tema. Un muy atrayente disco de una cantante que, hasta ahora, no era demasiado conocida en estas tierras.

MARIANA AVENA PRESENTARA ERSTE DISCO LOS MIERCOLES 20, 17, 24 Y 3I DE OCTUBRE A LAS 21 HS. EN EL TEATRO MAIPO, ESMERALDA 443.

 

 

LEOPOLDO DEZA Y LA MILANGA EN VIVO EN EL ESPACIO TUCUMAN.

Con una trayectoria ya extensa que incluye la edición de dos discos y haber tocado con numerosos exponentes de nuestra música folclórica, el tecladista, cantante, compositor y arreglador tucumano Leopoldo Deza es una de las figuras que,  en silencio, han contribuido a renovar el  género en nuestro país. Su último aporte es el “ensamble telúrico” La Milanga, una agrupación que lidera, integrada por diez músicos,  y dedicada por una parte, a la interpretación de obras suyas y, por otra, a ofrecer nuevos arreglos o reelaborar otros antiguos de clásicos de la música popular argentina. Si bien ha habido desde los años 70 diferentes grupos numerosos (Anacrusa, los M.P.A, del Chango Farías Gómez, la Orquesta de Cámara que liderara el propio Chango hasta su lamentada muerte y que ahora dirige el gran flautista Rubén Inzaurralde), esta propuesta se caracteriza por su carácter estrictamente instrumental  y la ausencia de vocalistas. Su composición es bastante atípica ya que no incluye la guitarra y está integrada, salvo alguna excepción, por jóvenes músicos liderados por Deza en el piano más la presencia de dos violines, dos flautas, violoncelo, trompeta, saxo, bajo eléctrico y bombo legüero, conjunto que ofrece numerosas variantes tímbricas tanto en las obras que interpreta todo el grupo como en las diversas formaciones que presenta. En la presentación realizada en el Espacio Tucumán pudieron escucharse así varios trabajos en los que Deza aparece como un muy interesante compositor y la revisión de varios temas conocidos en lucidas versiones, como fue el caso de las zambas Si llega a ser tucumana y Nostalgias tucumana, con una excelente participación de los violines. También cabe hacer mención de la siempre efectiva trompeta de Ricardo Culotta, un veterano de estas lides, y el trabajo de la violoncelista Nancy Richter. Desfilaron así diversos ritmos de nuestra música folclórica en muy atractivas versiones aunque, para quien esto escribe, la percusión suena algo limitada, sin  las riquezas sonoras que se podrían extraer de ella con una arsenal de instrumentos más amplio. En cualquier caso, un muy interesante aporte a la renovación de nuestra música folclórica, que confirma a Leopoldo Deza como un destacado instrumentista y arreglador, merecedor de un reconocimiento público más amplio. Jorge García.

 

 

 

SOLAR MARTINEZ. Sin piel. Acqua 352

VIVI VERRI. Rosa de tango. Epsa 1475.

No deja de sorprender – a diferencia de lo que ha ocurrido a lo largo de la historia del género-  la gran cantidad de cantantes femeninas de tango que han proliferado en los últimos años,  superior en cantidad y calidad a la de hombres. También hay que decir que no siempre esa cantidad está acompañada de un correlativo nivel de calidad pero, afortunadamente, en este caso, estamos ante dos debutantes de muy buenas condiciones vocales e interpretativas.

En el caso de Solar Martínez, antes de dedicarse al canto, incursionó en el baile y la actuación, menester que sigue hoy  desarrollando. Uno de los peligros que acecha a los nuevos cantantes es que suelen incursionar en temas muy transitados y que cuentan con  interpretaciones difíciles de superar. Hay que decir que Martínez afrontó esos riesgos y señalar que salió airosa del desafío. Poseedora de un estilo vocal de tintes dramáticos, la cantante encara así  temas de repertorio como Pasional, Toda mi vida y Che Bandoneón en los que su intensidad expresiva se sobrepone a los arreglos algo convencionales (no está aclarado de quien son), En cambio en los de Sin piel, Fuimos y Marioneta, a cargo del pianista Matías Piegari, la voz se integra perfectamente a una mayor complejidad instrumental. También Martínez se luce en Golondrinas, acompañada de la guitarra de Aníbal Corniglio y en la original aproximación a Chiquilín de Bachín, solo con el contrabajo de Pablo Motta, mientras que el  tono picaresco de Atenti pebeta y la milonga La vitrina está captado con precisión. La poesía tanguera actual está representada por Sábanas vacías, de Juan Vattuone  finalizando el disco con una versión tangueada del bolero Dos gardenias. Un atractivo debut de una cantante a seguir. Jorge García.

El caso de Vivi Verri tiene más que ver con su tradición familiar, que la impulsó a estudiar música y danza, aunque en el año 2005 decidió que su vocación definitiva era la de cantante. Dueña de una voz cálida y de amplios matices, aquí desarrolla un programa mayoritariamente tanguero, pero en el que no faltan un par de zambas, un bolero y una canción de cuna y en los arreglos, variados y de un nivel muy parejo hay que destacar la labor del guitarrista César Angeleri. Dentro del repertorio de tangos, compuesto por obras clásicas y otras más modernas hay que destacar el bonito y poco escuchado tema que da título al disco, la versión intimista de El corazón al sur, solo acompañada de la guitarra de Angeleri, el dramatismo de Nada, donde al guitarrista se agrega el violín de Pablo Agri, fórmula que se repite en el bonito vals Pedacito de cielo. En Los mareados es el piano de Cristian Zárate el que propone un brillante acompañamiento, mientras que el escepticismo existencial de Desencuentro está trasmitido con particular intensidad. A destacar también la melancólica exposición de Barco quieto, otra vez acompañada en solitario por Angeleri, la expresiva interpretación de la Zamba para olvidar y el romanticismo con el que la cantante dota a su versión del bolero Alma mía, Otra vocalista de tango ofreciendo un muy atractivo primer trabajo. Jorge García.

 

 

 

JUAN CARLOS GODOY. Obsesión. Epsa 1456.

Hace muy poco comentábamos en este mismo espacio un disco de Alberto Podestá, quien grabara un atractivo disco a los 87 años. Ahora es el turno de Juan Carlos Godoy, quien decide festejar sus jóvenes 90 años con esta grabación. Cantante de larga trayectoria, no solo en nuestro país, sino también en Colombia, donde vivió varios años, conserva en su voz una sorprendente potencia y afinación, que le permite abordar tangos de diferentes características sin que pierdan su esencia. Admirador incondicional de Carlos Gardel e impenitente burrero, aquí – acompañado por las guitarras de Carlos Juárez y Juan Carlos Vignola,  encara un repertorio que responde a esas dos pasiones, que incluyen algunos temas no demasiado escuchados.  Es así que se alternan temas de raigambre picaresca, como El que atrasó el reloj, Cachadora, Leguisamo solo, Araca la cana, Tirate un lance y Preparate pa´l domingo  con obras más dramáticas como el  tema que da título al disco, un antiguo éxito del cantor de los años 60 y Mala entraña, junto a clásicos indelebles, como Marioneta y Naipe marcado. También hay temas poco difundidos del repertorio gardeliano, tal el caso de Desdén y Recuerdo malevo y poco conocidos valses, como  Hermana y Añoranzas. Un CD que muestra la sorprendente vigencia de un cantante que no parece decidido, al menos por el momento, a tirar la toalla. Jorge García.

 

 

 

GERARDO MACCHI FALU. Memoria del canto. Acqua 350.

Guitarrista y cantante de dilatada trayectoria, excelente instrumentista y muy atendible intérprete en el terreno vocal, el salteño Gerardo Macchi Falú ha incursionado en diversos terrenos musicales, tales como el tango y la música clásica, aunque es el folclore en el que más se ha destacado. Con una discografía bastante profusa, aunque no muy difundida, en este reciente trabajo –sin dejar de lado sus notables condiciones de guitarrista en temas instrumentales- profundiza su veta vocal en un variado programa compuesto mayoritariamente por temas clásicos de nuestro folclore. Su exquisita vertiente instrumental se puede apreciar en obras suyas, como la milonga Atardecer pampeano, Memorial de la chaya y La partida, la bella zamba Noches de Catamarca, de Manuel Acosta Villafañe, la chacarera Campo afuera, de Carlos Di Fulvio y Nevando está, de A. Patiño. En la abundante cantidad de temas cantados resaltan las potentes versiones de la Zamba de los mineros, Juan Panadero, Trago de sombra y La tempranera, todas hermosas zambas (el ritmo en el que Macchi Falú mejor se desenvuelve como cantante) y también son destacables las interpretaciones del clásico Río de los pájaros, de Aníbal Sampayo Camino de los quileros, milonga lenta del uruguayo Osiris Rodríguez Castillo. Jorge García.

 

 

 

DEBORAH DIXON Y ANGEL SUCHERAS. Live in Concert. Acqua 360.

Nacida en Costa Rica y radicada en nuestro país desde 1984, ex integrante del grupo Blacanblús, Deborah Dixon se presenta en este disco grabado en vivo en Notorious, acompañada de un veterano en estas lides, el pianista y cantante Angel Sucheras. Vocalista de una voz cálida y profunda en la que se pueden detectar influencias variadas (la principal Aretha Franklin) aunque sin renunciar a un sesgo personal, y en perfecta simbiosis con el tecladista, Dixon ofrece aquí un programa en el que aparecen todas las fuentes de su música, sean estas provenientes del jazz, el blues o el soul. Sucheras, por su parte, es un instrumentista tan versátil como sutil, que logra crear el clima apropiado para cada tema, a lo que debe sumarse su buen gusto como ocasional vocalista. Dentro de las características apuntadas, en el ecléctico programa se pueden escuchar, standards, bellas baladas, blues lentos y rápidos y alguna incursión soulera. Así, la cantante ofrece intensas versiones de God Bless the Child, Gee baby, Ain´t I Good To You y Trouble in Mind, un blues lento en el que Sucheras tiene destacada participación en piano y órgano. Hay sensibles interpretaciones de Dixon de la hermosa balada The Nearness of You y de Autumn Leaves, en la que la vocalista canta en francés con una intervención posterior de Sucheras en inglés., mientras que el clásico Honeysucle Rose, de Fats Waller está vertido con infeccioso swing. Las participaciones del pianista se completan con sus ajustadas versiones de I Thought Abouy You y My Funny Valentine que recuerdan el estilo introspectivo de Chet Baker. Un disco muy atractivo de un dúo que se complementa a la perfección y al que favorece el registro en vivo. Jorge García.

 

 

 

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