Ant-Man y Los cuatro fantásticos

A favor de Ant-Man y en contra de Fantastic Four
Por Emiliano Andrés Cappiello
Publicada originalmente en El Amante #276

Al momento de escribir este texto, permanecen en cartelera dos adaptaciones de comics de superhéroes del universo Marvel: Ant-Man y Fantastic Four. La comparación entre ambas, una excelente y otra pésima, es útil para comprender el fenómeno de los films superheroicos. Ant-Man, la excelente, pertenece a Marvel Studios, principales responsables de convertir al género en  figura central de la taquilla cinematográfica desde el éxito de Iron Man (2008) en adelante. Porque si bien los superhéroes en el cine revivieron en el 2000 con X-Men, fue el Marvel Cinematic Universe, con su universo compartido por diferentes films, el que inició la explosión en oferta de films y aseguró varios tanques por año. Fantastic Four, por otro lado, pertenece a la FOX, una de las dos franquicias oriundas de Marvel con las que se quedaron (la otra son los X-Men) tras obtener los derechos antes de que Marvel formara su propio estudio fílmico. Aunque FOX fue la productora del primer film exitoso del revival de los superhéroes, tuvo varios desastres en el camino y recién ahora esta subiéndose al tren de los universos compartidos, con planes de varios films para diversos mutantes y una (rumoreada) eventual reunión entre los hombres de la X y la familia del hombre elástico.

Uno de los (varios) grandes aciertos de los films de Marvel Studios fue construir los films de sus héroes en base a géneros cinematográficos pre-existentes. A Batman y Spider-Man los conocía todo el mundo, ya eran marcas establecidas en el imaginario popular que no había que construir casi desde cero. Pero a Iron Man, Thor y los Guardianes de la Galaxia, exceptuando a los fans de los comics, no los junaba nadie. Al insertar a sus héroes dentro de las lógicas y estéticas de otros géneros ya establecidos (bélico y thriller político para las Captain America, por ejemplo, o space opera símil Star Wars para Guardians of the Galaxy) lograron afianzar las identidades de sus protagonistas y armar films con valor independiente mas allá de eventuales películas-reunión (The Avengers). Ant-Man no es la excepción. Como ya hicieron con Downey Jr. y Pratt, aciertan también al elegir a un gran comediante como Paul Rudd y transformarlo en figura de acción. Personaje relevante en los comics (en los que es miembro fundador de Los Vengadores) pero ignoto para el público masivo, Ant-Man utiliza el esquema de los films de robos para presentar a su héroe. Acá, en su relación con el género cinematográfico, surge una comparación clave entre Ant-Man y Fantastic Four. Ant-Man nos presenta la historia de Scott Lang, ladrón con corazón de oro que es reclutado para ejecutar un complicado robo de alto riesgo. La película disfruta cada segundo de apoderarse de la estructura del film de robos (la inducción del novato, la demostración de sus capacidades, la minuciosa descripción de los pasos del plan y su posterior ejecución) con las modificaciones que implican los absurdos poderes del héroe (achicarse y manipular todo tipo de hormigas). En el camino hacia el obligatorio enfrentamiento final con su antagonista, el film goza al jugar con las capacidades extraordinarias de su protagonista y con ellas renovar las convenciones del género que adopta, como con el entrenamiento que consta de pasar una puerta a través de la cerradura o la configuración de los pasos del plan en base a las características de los tipos de hormigas. Una vez finalizado el film de robos, la película en su enfrentamiento final demuestra no haber agotado sus ideas y la pelea explota las posibilidades visuales y humorísticas de las modificaciones de tamaño de los involucrados. Porque lo que los directores elegidos por Marvel Studios se dieron cuenta fueron las posibilidades lúdicas que ofrecía la inserción de superhéroes en los relatos cinematográficos.

Fantastic Four, de Josh Trank, nunca se decide que quiere ser. Arranca con un prologo casi spielberguiano para la niñez de Richards, pasa a una historia sci-fi de ambición inconsciente, se convierte en un film de horror brevemente y termina con la secuencia de acción superheroica menos inspirada en años. Porque Trank reniega de sus superhéroes. A Trank no le interesan las posibilidades cinematográficas de los 4 Fantásticos. La presentación de los personajes toma una cantidad de tiempo que no merece, ya que Trank no hace nada nuevo con los arquetipos de personajes (el científico obsesionado, el amigo bobo pero fiel, el rebelde). Uno podría suponer que esto lo hace para desarrollar las relaciones entre sus personajes con más firmeza, pero ni siquiera eso sucede, y algo tan básico para los 4 Fantásticos como el romance entre Reed y Sue jamás es desarrollado. Recién pasada la mitad del metraje aparecen los poderes y cuando lo hacen, el film parece mostrar un costado al menos novedoso al tratar las transformaciones como un film de horror, casi clase B, pero esto es rápidamente desechado vía elipsis temporal y de repente los protagonistas controlan sus nuevas habilidades a la perfección. En ese punto ya vamos pasando los 90 minutos y al film solo le resta despojarse de su antagonista, presentado sobre la marcha, confirmando el desinterés de su director por el género de superhéroes al cerrar con un acto final apurado, sin inventiva alguna y bajo los constantes y apagados diálogos expositivos de Reed Richards. El resultado final es un film sin norte, casi de superhéroes pero no, un poco de horror pero no tanto, con algo de sci fi pero no del todo.

Donde Ant-Man (y el resto del MCU) utiliza el género como herramienta para construir una mitología cinematográfica para los superhéroes y divertirse en el proceso, Fantastic Four lo rechaza y el producto final termina vagando con dirección incierta en un limbo de apatía y solemnidad.

Ambos films tienen un segundo punto de comparación: tanto Ant-Man como Fantastic Four tuvieron importantes problemas de compatibilidad entre director y estudio. Ant-Man fue el proyecto de Edgar Wright durante años, desde antes de que Marvel Studios naciese incluso, y para cuando pudo llevarla a cabo, la imperativa de tener que conectarla al MCU alejó a Wright, que quería un film completamente independiente, de la silla de director. Parte de su visión se mantuvo, y el guión de Rudd y Adam McKay que heredó Peyton Reed se construyó en base al original de Wright. Trank, que venía fresco de su opera prima Chronicle, se peleó con el estudio y denuncio por Twitter tras el estreno que el film comercializado no era su verdadera visión. Estas experiencias nos recuerdan el poder de la maquinaria Hollywoodense, con capacidades de creación como de destrucción, según las habilidades de las manos que logren manipularla un rato.

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