Moana

 

 

Por Emiliano Andrés Cappiello

Disney, en sus películas animadas, tiene etapas buenas y malas. Hay películas sueltas, pero en general, pareciera que las buenas siempre vienen en tandas, como las iniciales de Walt, las últimas de su vida o las primeras de la década del 90. Quizás no a la misma altura que las mencionadas, la actual es sin embargo otra gran época. Frozen (2013), Big Hero 6 (2014) Zootopia (2016) fueron todos grandes films, incluso mucho mejores (exceptuando esa belleza que es The Good Dinosaur) que los estrenos contemporáneos de Pixar, otrora rey del cine animado americano.

Moana es la más reciente de esta buena cosecha Disney, y viene dirigida por John Musker y Ron Clements, los mismos de La Sirenita Aladdin. Las canciones, además, son a cargo de Lin-Manuel Miranda, creador del gran musical Hamilton, y Opetaia Foa’i, músico neozelandés, combinación que genera un OST a la vez auténtico y con gloriosas ínfulas de Broadway. La trama, sobre una princesa que no desea ser tal y prefiere una vida épica, camina pasillos conocidos, pero lo hace con una pasión por la aventura que contagia alegría. Hay chistes que se repiten demasiado (esa gallina de mierda) pero no pueden arruinar un film tan fundamentalmente jovial. Los directores juegan con el género con numerosos chistes autoconscientes y su disfrute es tal que no tienen problema en forzar la acción con un Deus Ex Machina en forma, literalmente, de un Dios (del mar) con reminiscencias a Abyss (1989) de James Cameron. La participación de Jemaine Clement como Tamatoa, en un hermoso homenaje a Bowie, es un gran ejemplo de este goce absoluto (y otra demostración de talento de Clement, que ya canalizó a Bowie antes en ‘Bowie’s in Space’ de Flight of the Conchords y ‘Goodbye Moonmen’ de Rick & Morty). El artista anteriormente conocido como The Rock le da voz a Maui, semideidad jocosa y valiente, con su carisma habitual infalible. Pero es Moana la protagonista (hay una pista en el título) y lo más destacable. Moana sueña con los mares y detesta su rol como líder de un pueblo estancado. Conoce su vocación, que la llama a través de las olas. Su enérgica búsqueda de la propia identidad la vuelve una de las más proactivas princesas (aunque reniegue del título) de Disney, demostrando que los tiempos cambian y los relatos, aunque eternos, pueden cambiar con ellos.

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