MIGUEL DE CARO. Escualo. Acqua Records 251.
MARIANA MELERO. Beira mar. Acqua Records 252
DIEGO AMADOR. Río de los canasteros. Acqua Records 260
CARDENAL DOMINGUEZ, HERNAN REINAUDO, ARIEL ARGAÑARAZ. Trío. Acqua Records 261
Como ya señalamos en alguna oportunidad, Acqua Records es uno de los sellos
independientes argentinos que difunde música de muy buen nivel, apareciendo en
su catálogo tanto artistas consagrados como nuevas figuran en búsqueda de
reconocimiento. Este paquete, integrado por 4 CDs bien distintos entre sí, es
una acabada muestra de lo señalado.
Miguel De Caro es un músico que, desde hace varios años interpreta tangos con
su saxo, buscando una sonoridad diferente a las habituales dentro del género.
Sin las búsquedas vanguardistas y casi experimentales que realiza con ese
instrumento Jorge Retamoza, su fraseo de cuño piazzoliiano, con el que
desarrolla amplias líneas melódicas, no exentas de lirismo, lo convierten en un
muy interesante exponente del tango contemporáneo. El repertorio de este disco
incorpora –a partir de esas premisas- varios temas del gran Astor, que son
recreados sin caer en la imitación facilista. Así Escualo y Libertango
ofrecen una gran complejidad rítmica, mientras Invierno porteño rezuma melancolía y Adiós Nonino está expuesto tratando de alejarse de las versiones
transitadas. Acompañado por Koh Igarashi en bandoneón, Demetrio Koutsovitis en
piano, quien ofrece algunos excelentes solos, Osvaldo Tubino en bajo y Rodrigo
Quirós en percusión, De Caro también ofrece un par de temas del gran
acordeonista francés Richard Galliano –tres de los que el saxofonista es autor,
entre los que se destaca Para adelante–
y una emotiva versión de Soledad, el
clásico de Gardel y Le Pera. Un disco atractivo, con una sonoridad diferente
entre las numerosas expresiones actuales dedicadas altango.
La interpretación de música brasileña por intérpretes oriundos de otras tierras
tiene sus riesgos por la dificultad con que se encuentran muchas veces esos
artistas (si lo sabrá Frank Sinatra) para captar el auténtico tono que
requieren las canciones de ese país. Afortunadamente Mariana Melero ha
conseguido en este disco trasmitiir con autenticidad y sin esfuerzo los climas
apropiados. Con el excelente soporte que le brindan los arreglos de Rodrigo
Aberastegui -quien además la acompaña en todos los casos interpretando diversos
instrumentos- y con la participación de
una buena cantidad de músicos invitados, la cantante reúne un puñado de temas
de grandes figuras de la música brasileña, a lo que le suma un clásico de Lennon
y McCartney y un par de canciones de su autoría. Dueña de una voz agradable,
afinada y bien modulada, Melero ofrece bonitas interpretaciones de hermosos
temas como Menino do río, de Caetano
Veloso, Rainha do mar, de Dorival Caymmi, el no demasiado conocido Correnteza, de Tom Jobim y Luiz Bonfá,
el inevitable Carinhoso, de Pixinguinha
y En la orilla de este río, sobre un
poema del gran poeta portugués Fernando Pessoa. Menos convincente es su versión
en castellano de Futuros amantes, de
Chico Buarquey, en cambio, es muy
atractiva su recreación de Hold me Tight,
de los Beatles, Un disco, en líneas generales, muy placentero de escuchar.
En los últimos tiempos han proliferado los cantantes y músicos –algunos muy
importantes como el guitarrista Paco de Lucía y el saxofonista y flautista
Jorge Pardo- que fusionan la tradición del flamenco y el cante jondo con
elementos provenientes de diversas corrientes de la música pop. Entre ellos se
encuentra el cantaor y tecladista (aunque también interpreta guitarra y bajo)
Diego Amador. En Río de los canasteros,
Amador recorre diversos palos del flamenco, con amplia preponderancia de los
más jocundos y alegres. Si como cantaor se lo puede encuadrar en la línea
representada por el gran Camarón de la
Isla, como tecladista su sonido aparece comomás original y creativo. Dentro de un
programa variado y ecléctico cabe destacar sus interpretaciones de la taranta Aires de Levante, el tema más dramático
del disco, el que da título a la placa, un aire de bulería en el que participa
el notable guitarrista Tomatito y la rumba instrumental Al latín, con un excelente solo suyo en piano y destacadas
intervenciones de Raimundo Amador y Luis Salinas en virtuosos solos de
guitarra.
A partir del auge que se ha producido –al menos a nivel de intérpretes- dentro
del tango, han surgido una serie de cantantes de ambos sexos –con
predominancia, justo es decirlo, de mujeres- que proponen –sin renegar de la
tradición- unaaproximación diferente en
la manera de interpretar tangos clásicos; uno de esos cantores es el Cardenal
Domínguez, surgido, como otros colegas suyos (vg.el chino Laborde) del rock, da
la sensación, sin embargo, de haber cantado tangos toda la vida. En este disco
–compuesto mayoritariamente por títulos esenciales del cancionero porteñoestá solo acompañado por dos excelentes
guitarristas, Hernán Reinaudo y Ariel Argañaraz, algo que le otorga a la placa
un estilo más intimista que a sus grabaciones anteriores. Haciendo gala de un
fraseo excelente y un profundo feeling,
el Cardenal ofrece un repertorio al que solo cabe calificar de óptimo. Así
desfilan excelentes versiones de títulos fundamentales como Olvido, Marioneta, una infrecuente versión cantada de La mariposa, Pompas, el
formidable primer tango que compusiera Enrique Cadícamo, tres joyas del gran
Homero Manzi, De barro, Tal vez será su voz y la dramática Milonga triste y Soledad, uno de los mejores temas de la dupla Gardel-Le Pera. Pero
si tengo que elegir dos highlights me
quedo con la notable versión de Trenzas,
uno de los más bellos poemas surgidos de la pluma de Homero Expósito y el
hermoso y poco conocido estilo pampeano El
sueño, de Francisco Martino. Un excelente disco, al que el mejor elogio que
se le puede hacer es que interpretando un repertorio integrado por tangos que
fueron éxitos de distintos cantores de primera línea, las versiones del
Cardenal Domínguez, compiten sin desmerecer frente a ellas. Jorge García.