D´3 Y Steve Cárdenas Trio en el Teatro 25 de Mayo. Orquesta Nacional de Jazz en
el Teatro Coliseo.
Aparte de Fred Hersch hubo otros músicos extranjeros que se presentaron en el
festival, jerarquizando el mismo. Uno de ellos fue el guitarrista
norteamericano Steve Cárdenas, quien ofreció un concierto acompañado de dos
músicos argentinos, el contrabajista Pablo Motta y el baterista Sergio
Verdinelli, de los mejores en su instrumento en nuestro medio. Músico nativo de
Kansas, Cárdenas es muy requerido para participar en diversas formaciones y
también lidera su propio trío. Con un estilo sobrio y austero, sin apelar a
distorsiones y efectismos de ninguna naturaleza, desarrollando sus solos a
partir del crecimiento de las melodías, propuso un recital compuesto por
composiciones propias y varias piezas de su admirado Thelonious Monk. En ese
terreno, uno de los mejores momentos del concierto fue su interpretación en
solo de guitarra de Crepuscule With
Nellie. Fue adecuado el acompañamiento de los músicos locales, sobre todo
de Verdinelli, siempre buscando la integración antes que el lucimiento
personal. Un atractivo concierto al que tal vez le faltaron algunos decibeles
de intensidad y emoción.
El saxofonista y flautista español Jorge Pardo hace tiempo (en particular a
partir de sus colaboraciones con Paco de Lucía y Carlés Benavent) que trabaja
sobre la fusión de temas jazzísticos con ritmos flamencos (digamos de paso que
esto es algo no demasiado novedoso ya que el saxofonista vasco Pedro Iturralde
lo hacía ya hace cuatro décadas). El grupo D´3 se completa con el formidable
bajista Francis Posé y el baterista José Vàzquez “Roper” un vigoroso “palero”
siempre dispuesto a impresionar al público con sus poderosos golpes sobre
parches y platillos. El concierto que ofrecieron pareció por momentos más una
exhibición unipersonal de cada uno de los músicos que un trabajo conjunto. En
ese sentido cabe destacar el virtuosismo de Posé, tanto con el arco, donde
consiguió pasajes de un intenso lirismo, los dedos (haciendo sonar por momentos
a su contrabajo como una guitarra) o utilizándolo como instrumento percusivo.
Pardo logró sus mejores momentos con la flauta y el saxello y el baterista
Vàzquez obtuvoresultados superiores
cuando se integró al conjunto que en los momentos que buscó satisfacer su ego.
Un recital que, en algunos pasajes, consiguió trasmitir un clima caliente y
excitante.
El conjunto elegido para cerrar el festival fue la prestigiosa Orquesta
Nacional de Jazz de Francia. Creada en 1986 por decisión del Ministerio de
Cultura esta agrupación se caracterizó por el hecho de ser –al menos hasta los
últimos tiempos- dirigida cada año por un conductor distinto que tenía la
potestad de elegir a los solistas que la integraban. Así fue que desfilaron al
frente de ella músicos de la talla del guitarrista Claude Barthelemy, el
contrabajista Didier Levallet o el tecladista Antoine Hervé, por nombrar
algunos. Con una profusa discografía (prácticamente cada año sacan un disco) es
también un buen ámbito para el surgimiento de nuevos talentos, que alternan en
su formación con figuras ya consagradas. La agrupación que se presentó en
Buenos Aires, con Daniel Yvinec como director artístico, es un conjunto más
reducido de lo habitual (un noneto con dos cantantes) y estuvo integrada casi
en su totalidad por jóvenes instrumentistas que ofrecieron una recreación en
clave contemporánea de temas que interpretaba la genial Billie Holiday. Lo
primero que cabe decir de este concierto es que fue –en el sentido literal del
término- extraordinario. Antes de seguir quiero detenerme un momento en
diversos comentarios que recibí al final del concierto, que demuestran una vez
más que muchos jazzeros pertenecen a la raza de la nunca bien ponderada Gata
Flora. Seguramente, si la ONJ,
se hubiera limitado a transcribir de manera puntillosa y fiel aquellos temas
habría sido acusada de conservadora y apegada a la tradición. Como la elección
fue diametralmente opuesta y se escucharon versiones en muchos pasajes cercanas
a la experimentación, no fueron pocos los que aseguraron que no era eso lo que
habían venido a escuchar. Lo cierto es que –consecuente con su trayectoria de
casi un cuarto de siglo- la ONJ
ofreció aproximaciones a clásicos del repertorio jazzístico absolutamente
alejadas de las habituales. El grupo, como se dijo, presentó dos cantantes -el
inglés Ian Siegal, un hombre proveniente del rock, con una voz que recuerda por
momentos a la de Tom Waits y Karen Lanaud, una vocalista tan discreta y carente
de énfasis que por momentos roza la impersonalidad- encargados casi siempre de
desarrollar las melodías de los temas que luego –antes o después de sus
intervenciones –eran pulverizadas en los prolongados segmentos instrumentales. En
esas secciones -en las que se percibieron influencias que oscilaron entre el free jazz, la música clásica
contemporánea y hasta ritmos tribales- hubo destacadas intervenciones de varios
de los solistas y también –justo es decirlo- momentos en que un tono algo caótico
se adueñó de los arreglos. Un rápido recorrido por los highlights del concierto no puede dejar de mencionar el vibrante
solo de saxo tenor de Rèmi Dumoulin en I´ll
Be Seeing You, el delicado lirismo de la guitarra de Pierre Perchaud en Skylark, el deslumbrante trabajo con la
flauta baja de Joce Mienniel en I´m a
Fool to Want You y la poderosa introducción en piano de Eve Risser en God Bless the Child, a lo que también
habría que sumar el trepidante solo de saxo alto de Antonin Tri Hoang en Strange Fruit. Paradójicamente, los
temas más respetuosos con la melodía original, Solitude, Don´t Explain,
aparecieron como los menos satisfactorios. Un concierto con una alta dosis de
riesgo y provocación –tal vez no apto para oídos poco dispuestos a las
aventuras musicales- que fue un muy digno cierre para el Buenos Aires Jazz 09. Jorge García.