dirección Gonzalo Arijón música Florencia Di Concilio fotografía César Charlone edición Claudio Hughes
La historia de los uruguayos que cayeron con un avión en los Andes y
sobrevivieron luego de más de dos meses es uno de los más extraordinarios
relatos de supervivencia que existen. No hay forma de arruinarlo y no hay
posibilidad de cansancio. Cada vez que se lo vuelve a contar −con un libro,
película ficcionalizada o documental−, el asombro y la emoción vuelven a
sentirse como la primera vez. De alguna manera, la nobleza del material
original se traspasa a sus representaciones y las bendice, más allá del acierto
o no de cada una de las elecciones formales que se realicen para su relato. Eso
pasó con ¡Viven!, aquella película de
Frank Marshall de 1993, con todos los libros que aparecieron en estos treinta y
pico de años transcurridos desde el accidente y con los muchos documentales que
se produjeron. La sociedad de la nieve tiene como
particularidad ser la primera película en la cual participan los dieciséis
sobrevivientes. Los en aquel entonces jóvenes jugadores de rugby, instruidos,
en su gran mayoría católicos practicantes, han devenido señores encantadores,
de fuerte personalidad, que cargan sobre sus espaldas la terrible experiencia
de aquellos meses de 1972, cuando rodeados de nieve, incomunicados, sin comida
ni recursos, tuvieron que alimentarse con los cuerpos de sus compañeros
muertos.
Además de las consabidas entrevistas ordenadas cronológicamente, muchas de
ellas realizadas en el mismo sitio en donde se produjo el accidente, este nuevo
documental sobre el episodio muestra un fascinante material de archivo que
incluye las fotografías que ellos mismos sacaron durante la interminable espera
del rescate, las filmaciones de la época luego de que Fernando Parrado
y Roberto Canessa se encontraran con
el arriero que los volvería a contactar con la civilización, y la conferencia de
prensa en la cual los muchachos revelan su fuente de alimentación en la montaña. Las
ficcionalizaciones corren el riesgo habitual de ayudar a imaginar la situación
pero mitigando el impacto documental.
La sucesión de incidentes es conocida pero aun así sigue conmocionando: el
accidente, la decisión de alimentarse con los cuerpos de sus amigos, el alud,
la espera interminable y la decisión heroica de salir a buscar ayuda,
atravesando la cordillera, sin equipo y con las fuerzas menguantes. “Vengo de
un avión que cayó en las montañas” es uno de los títulos alternativos de esta
película y el comienzo del mensaje que escribió Parrado en un papel para que,
del otro lado del río, el arriero supiera quiénes eran esos dos desarrapados
que pedían ayuda. Una historia que empieza a contarse con esa frase no puede
ser sino inmortal. Gustavo Noriega