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Un redactor de El Amante -de bigotes, para más datos- nos manda esta crónica "festivalera" sobre Mar del Plata ¿Dancing King?
Malas leguas andan por ahí desparramando el rumor de que el Festival de Mar del Plata, este año, tiene menos onda que Guillermo Moreno. Hasta hoy, tal apreciación tenía amplios visos de realidad. No pasaba naranja. Ni ninguna otra fruta, de hecho, quizás porque la señora presidente se encargó de mandarla toda en la primera jornada. Como fuere, sólo había películas siempre y cuando no hubiera algún contratiempo, que -nobleza obliga- poco tuvo que ver con la actitud de Martínez Suárez y Peña, ambos haciendo todo lo posible y más para que realmente parezca (aún) que hay un Festival en la Feliz.
Las huestes se quejaban, además, de dos cosas: la falta de meeting point y -peor- la falta de fiestas. Uno dice "buéh, loco, vos te vas ahí al mar gratarola a ver películas y mirar chicas lindas y encima querés que te regalen cerveza, lo tuyo es vicio". En nuestro descargo debemos decir que los lugares de encuentro -fiestas incluidas- sirven para conocerse, charlar, incluso pasarse el dato de "andá a ver esa película que es una masa" o "esa no la veas que es una choronga atroz". Oquei, seguimos elogiando el riesgo y la aventura a la hora de pedir una entrada, pero por lo menos está bueno saber qué opinan los demás. Además de que andá a elegir entre títulos que en tu meretriz vida vas a volver a ver en algún lado salvo que San Monteagudo (o Brodersen, su profeta) lo plantee en alguna retro de la Lugones.
La cosa es que una voz se corrió y fue de boca en boca. Hoy en La Llorona, gracias a la embajada de Francia (Salut, Mathieu!) y con DJ galos (más el inefable y siempre cumplidor Javier Inrockuptible Diz). Y bueno, fuimos, con menos esperanza en pasarla bien que Simeone en pegarle a algún esquema táctico (no lo olviden: volverá alguna vez a un club grande y será millones; entre nos...¿Habría sacado campeón a Estudiantes sin Verón? Perdón, perdón...es que soy tan futbolero como Cris cinéfila). Craso error el de nuestro prejuicio, plugo a Dionisos.
A las doce y media de la noche, pocas personas. Éramos -mi precisión para los saraos es bien conocida por su inoperancia- tres. Mathieu pensaba quizás -no lo dijo, pero se le notaba en el rostro- que iba a ser un fracaso. A la una y media, el piso superior del antedicho local estaba lleno y la música era buena. Buenísima, digamos. Incluso escuché el tema que abre Fantasma en el Paraíso, mire usté.
Yo no bailo. Lo admito: salvo que me obliguen o quiera quedar bien con alguien, difícil que mueva la patita. Menos que menos cuando las canciones bailables de hoy -lo comprobé hace días en una fiesta de quince- son como manuales de instrucciones: "y baja, y baja, y baja, y ahora menea, menea, menea, y sube, y sube, y sube, y da media vuelta y menea, menea". Antes las canciones decían "No pares hasta que tengas suficiente", pero no me obligaban a seguir una coreografía que reíte de Petipa. O decían "Eres una reina del baile y sólo tienes diecisiete" (y uno lloraba y por tres minutos quería ser una chica de diecisiete años). Bueno, no. Como se trataba de una fiesta en serio, acá se bailaban cosas como Talking Heads, Michael Jackson y The Cure, juntos y mezclados. El último tema que escuché (de paso tenía una apuesta con Gustavo Castagna respecto de cuántas canciones iban a pasar hasta que llegara Fooltloose, que como todo el mundo sabe es, con YMCA, el apiña pistas más grande del universo) fue Summer Love por Olivia Newton-John y John Travolta, que bailé como la primera vez que bailé, en mi cumpleaños de once.
Quiero decir: bailé. Les dije que no lo hacía, pero estaba en la pista hablando con Lola Silberman y Magalí Tablón y no sé cómo (será la música) me encontré moviéndome bajo los estroboscópicos. Lo que no es poco. Me acuerdo que llegué a la pista tras decirle a Castagna "ahora vengo" en busca de bebestible en la barra. Pero no llegué y ahí estaba, cuarentón con menos pelo del que quisiera, moviéndome como el adolescente que (no) supe ser.
Ustedes preguntarán "qué corno tiene que ver esto con el cine". Mucho; muchísimo. La pista era pequeña y a los tres minutos apareció al lado nuestro Sarah Polley. Y como saben, la costumbre indica que en estas danzas sueltas y libres la gente se mezcle. Bueno, qué decir...bailé cinco minutos cantando con Sarah Polley. Al ratito nomás apareció al lado una rubia hermosa (a mí no me gustan las rubias, así que saquen cuentas) que resultó ser Greta Gerwig, codirectora y protagonista de Night and Weekends, film de los más interesantes del Panorama. La chica era pura alegría y...¡También bailé un par de minutos aleatorios con ella! Una alegría impresionante.
Así, con ese movimiento, de pronto vi que mucha gente charlaba animada. Por ahí estaban director y crew de Parador Retiro, un documental que me gustó, hablando de cine. Y en las mesas que rotaban, la gente hablaba de las películas que había visto -y también protagonizaba lances amorosos o sexuales, lo que es lógico en estos casos. Pero escuché que se recomendaban películas, que se denostaba y elogiaba, que se establecían relaciones. Celuloide en la pista de baile, digamos. Se ve que había muchas ganas.
Bueno, después de un rato (ya no tengo once años) partí y volví al hotel e inmediatamente prendí la computadora y me puse a escribir la palabra "Amigos" del principio. Y ahora estoy terminando y aseguro que estas cosas le hacen muy bien al Festival. Un Fstival del que se rumorea que muere, que éste es el último, que no tuvo -y se nota, digan lo que digan- el apoyo que debería tener del INCAA. Cuando salía, sonriendo y quieto (no lo veo bailando) estaba Fernando Martín Peña, a quien le dije Feliz Cumpleaños (es su cumpleaños 40). Estaba, después de muchos días duros, sonriendo y tranquilo. Imagino que ver gente contenta esta noche habrá sido un buen regalo.
Eso sí, todavía espero escuchar Footloose.
Saludos.
Leonardo M. D’Espósito
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