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El rincón del viejo canalla VI PDF Imprimir E-mail

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El hombre del sombrero sigue escuchando música. ¿Los Ramones? No, no adivinaron. Se trata de cuatro interesantes novedades de tango y folklore. Pasen y escuchen.



JORGE RETAMOZA Y TANGO XXX. Como aquellos. PAI 3126.

A pesar de los años que lleva trabajando con su grupo Tango XXX y contar ya con varias placas en su haber (la primera data de 1991), Jorge Retamoza no es un músico demasiado conocido fuera de los circuitos ligados a las expresiones más modernas del tango. Introductor de la novedad de colocar el saxo –ya sea tenor, alto o, más recientemente, barítono- como instrumento dominante en la formación, en atractiva primera línea con el bandoneón (algo que más tarde emuló Oscar Kreimer dentro de una estructura más directamente ligada a la música de Astor Piazzolla), Retamoza desarrolla  amplias líneas de improvisación, cuyo origen hay que buscarlas en los vastos territorios del jazz, aunque también pueden percibirse en sus interpretaciones frecuentes conexiones con la música clásica contemporánea. Pero lo que destaca inmediatamente al escuchar al grupo es – a diferencia de lo que ocurre con otras formaciones actuales que también intentan fusionar elementos musicales de distinto origen- su sólida raigambre tanguera, perceptible tanto en las composiciones propias como en sus atractivas relecturas de temas clásicos. Estos rasgos de pueden apreciar en esta placa, el más reciente trabajo de Retamoza en el que está acompañado por un homogéneo grupo que integran Matías Rubino en bandoneón, Alejandro Kalinoski en piano, Lautaro Guida en contrabajo y Daniel Míguez –su compañero de todos los tiempos- en batería, a los que se agregan como invitados un cuarteto de cuerdas en un par de temas, los guitarristas Quique Sinesi y Daniel Gómez  y Pepe Motta en piano. El variado y atractivo programa se compone –como se señaló- de temas clásicos del repertorio tanguero y composiciones del director. Entre los primeros hay que destacar su excelente versión de La cachila, con una formidable improvisación de Retamoza en saxo barítono y dos dúos, la lírica versión de Amores de estudiante, interpretada en saxo alto y piano y Mal de amores, aquí en barítono y acompañado por Pepe Motta. De los temas contemporáneos cabe resaltar el que da título al disco, un aire de milonga sureña de amplias líneas melódicas, con reminiscencia de la Milonga del ángel piazzoleana, Instalación, con una muy buena participación del cuarteto de cuerdas, Año nuevo/Vectores, la composición musicalmente más arriesgada del disco y Engranajes, en tema de Matías Rubino, en el que el autor tiene una destacada participación en bandoneón. Dejo para el final la notable recreación de un tema tan transitado como Último tango en Paris, del Gato Barbieri, uno de los puntos más altos de un disco que confirma a Jorge Retamoza como una de las voces más considerables del tango instrumental contemporáneo.

AMARANTO. Alimento.Ama 2008.

Dentro de la música argentina de raíces folclóricas se ha producido en los últimos años una auténtica eclosión de intérpretes que –sin dejar de lado las tradiciones del género- lo han enriquecido con aportes provenientes de otros campos como el jazz –de donde proviene la marcada tendencia a la improvisación que muestran muchos de ellos- y la música clásica, visible en el rigor que aparece en la composición y/o ejecución de los temas. En el marco de estas características, una de las figuras más prominentes es la de la pianista (aunque cabe aclarar que ejecuta varios instrumentos más), compositora y arregladora Nora Sarmoria. Con una carrera de más de quince años –en el año 1992 ganó un premio en el festival de Cosquín- y varios discos en su haber de producción propia con mayoría de composiciones suyas inspiradas en diversos aires y ritmos del folclore del continente, aunque en esas placas también hay casi siempre lugar para algún tango, Nora se ha convertido en una auténtica referente de las vertientes más originales y arriesgadas de la música popular contemporánea. Si los discos realizados hasta ahora (incluido el grabado en dúo con la pianista Lilian Saba, otra de las grandes figuras jóvenes del género) la mostraban en el contexto de pequeños conjuntos, en esta placa la propuesta es más ambiciosa ya que, al frente de un noneto con una instrumentación marcadamente atípica, que incluye violín, violoncello, contrabajo, vibrafón, flauta, clarinete, clarinete bajo y percusión, a los que se suma la voz de Liliana Herrero como invitada en un aire de vidala, desarrolla un repertorio mayoritariamente propio (aunque el vibrafonista Marcos Cabezaz es autor de dos de los más hermosos temas del disco) inspirado en diversos ritmos argentinos y sudamericanos. Si en su labor como pianista pueden detectarse las inevitables influencias de dos de los grandes pioneros del folclore de vanguardia en la Argentina, como lo son Eduardo Lagos y Manolo Juárez es en el terreno de los arreglos donde Nora Sarmoria consigue otorgarle al grupo un sonido original y personal, que combina la improvisación de los solistas con ensambles camarísticos construidos con enorme rigor. Para encontrar antecedentes a lo que propone Amaranto habría que remontarse a dos formaciones legendarias de los años 60, el quinteto de Waldo de los Ríos y el sexteto de Quique Strega, que también utilizaba el vibrafón en su instrumentación y –desde luego- a los trabajos de Anacrusa, un referente inevitable a la hora de hablar de proyección foclórica. Un disco que no deberían perderse ninguno de los interesados en las expresiones más originales y creativas que propone la música popular de nuestro país.
 

PABLO AGRI. A dúo tango. Acqua Records 183.

Intérprete de un instrumento que ha dado grandes nombres a la historia del tango, hijo del gran Antonio Agri, quien integrara durante varios años el quinteto de Astor Piazzolla, y uno de los mejores violinistas –junto con Damián Bolotin y Fabián Bertero- de la joven generación, con una ya dilatada trayectoria, en la que tocó con los mejores músicos de tango y un  disco anterior en su haber, Cuadros tangueros, en el que al frente de un grupo de cuerdas y con arreglos de José Carli desarrollaba un variado programa, Pablo Agri presenta aquí su nuevo proyecto, una serie de dúos con diversos instrumentistas y un par de cantantes, en el que ofrece una serie de temas representativos de diversos momentos de la historia de nuestra música popular. Dueño de una depurada técnica, que nunca lo lleva a caer en el virtuosismo gratuito, el violinista interpreta trece tangos (en realidad, doce y una milonga) en los que nunca se coloca en primer plano, sino que se integra con el estilo de cada uno de sus acompañantes ofreciendo un variado collage, inspirado e intimista, que -sin abandonar las hermosas melodías de cada tema- los ofrece en versiones en varios casos novedosas y atractivas. Dentro de un nivel muy parejo, en el que será el gusto de cada oyente, ya sea por los temas o los circunstanciales acompañantes, el que defina sus preferencias, no puedo dejar de señalar las mías, así como un par de, tal vez a priori inesperados, reparos. En estos últimos debo señalar los dos temas cantados, Soledad, por Guillermo Fernández y El día que me quieras, por Susana Rinaldi, ya que ninguno de los dos vocalistas parece integrarse adecuadamente al discurso musical de Agri. En los temas instrumentales, en cambio hay mucho para disfrutar, pero en tren de elegir me quedo con la sentida aproximación a Fuimos, junto a Leopoldo Federico, la excelente versión de Vida mía, con el pianista Osvaldo Berlingieri, la gran interpretación de Los mareados, acompañado de Nicolás Ledesma y los –para mí- dos temas más arriesgados del disco, Kicho, que Astor Piazzolla le dedicara al contrabajista de su quinteto, Enrique Díaz, tocado aquí junto a Lía Horovitz, quien muestra una ductilidad excepcional en el contrabajo; y la original versión de la muy transitada Milonga triste, con el bandoneonista Marcelo Nisinman. Un disco que ofrece una muy buena oportunidad de acercarse a temas conocidos en un contexto poco habitual y, además, generoso en su duración, ya que excede los 70 minutos.


CUACCI & CUACCI. Música argentina. Acqua Records 176.

No hay demasiados antecedentes dentro del repertorio tanguero (el caso de los violinistas Antonio y Pablo Agri es otro) de discos en las que padre e hijo compartan la interpretación, composición y arreglos de los temas. Tal es el caso de esta placa, en la que el pianista, compositor y arreglador Juan Carlos Cuacci, director musical de Susana Rinaldi desde hace más de tres décadas y co-director de la Orquesta de Tango de Buenos Aires y su hijo Juan Esteban, también pianista, ofrecen ocho temas a los que la gacetilla de promoción del disco presentan como “melodías tangueras que transportan a paisajes cinematográficos”, una afirmación que solo la subjetividad de cada uno de los escuchas del disco podrá, o no, avalar. En todo caso, conviene hablar de una serie de tangos a los que se podría calificar sin ambages de “impresionistas”, a partir de los climas musicales que proponen cada una de sus melodías. Con arreglos de Juan Carlos e instrumentado para piano -ejecutado por Juan Esteban- y una sección de cuerdas en la que el siempre excelente Pablo Agri aparece como director y principal solista (una formación que reconoce antecedentes en la Camerata de Tango que hace ya varios años dirigiera el uruguayo Manolo Guardia) se pueden escuchar cuatro temas de cada uno de los Cuacci en los que se pueden apreciar el carácter más introspectivo e intimista de las composiciones de Juan Carlos y el toque más “piazzoleano” de las de Juan Esteban. Uno de los riesgos que proponía esta instrumentación –sobre todo a partir de la ausencia del bandoneón, instrumento tanguero por excelencia- era la posibilidad de caer en la monotonía, algo que rápidamente se soslaya a partir de los expresivos arreglos y la cuidada intercalación de los temas de los dos compositores. Un disco que ofrece la posibilidad de escuchar nuevas composiciones de nuestra música popular con una instrumentación poco frecuente. Jorge García

 
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