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En momentos en que prolifera la exhibición de películas en DVD, incluyendo estrenos y los ciclos de la Cinemateca Argentina, el MALBA, con su programación a cargo de Fernando M. Peña, continúa imperturbable con la exhibición de películas en formato fílmico. Para ello también cuenta con el aporte invalorable de la Asociación de Apoyo al Patrimonio Audiovisual (APROCINAIN), que en los últimos tiempos ha recuperado numerosos títulos, muchas de ellas imposibles de ver en los últimos años. La programación de julio ofrece como siempre -aparte de los films argentinos que se exhiben en calidad de estrenos- valiosas obras clásicas.
Entre ellas, cabe destacar en primer término las cuatro firmadas por Carl Theodor Dreyer. Nacido en Dinamarca y uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, la figura de Dreyer se yergue imponente y solitaria, no solo dentro del cine escandinavo sino también del mundial. Influenciado en su primera etapa dentro del período mudo por su compatriota Benjamín Christensen y el sueco Victor Sjöström pronto, sin embargo, su obra fue tomando rumbos marcadamente personales y cada vez más autoexigentes, lo que llevó a que en la etapa sonora rodara solo cinco películas, obras en su momento cuestionadas por buena parte de la crítica -que las consideraba antiguas y teatrales- pero que hoy pueden considerarse como precursoras del cine más valioso que se hace en nuestros días. El MALBA exhibirá cuatro películas de Dreyer, una muda y tres sonoras, que están entre lo más importante de su producción.
El amo de la casa, 1925, es una suerte de film de cámara que describe con minuciosidad la evolución que se produce en un hombre tiránico y despótico con su esposa y pequeño hijo cuando la mujer se va y la casa queda a cargo de la nodriza.
Vampyr o La extraña aventura de David Gray, 1932, libremente basado en un relato de Sheridan Le Fanu, más que una película de terror planteada en términos narrativos convencionales es un poema visual en el que se eluden las explicaciones y que de algún modo anticipa los films de Jacques Tourneur.
Días de ira, 1943, es una de las obras máximas del director, un dramático e intenso relato ambientado en tiempos de la Inquisición, pero en el que se pueden percibir claras referencias a la ocupación nazi de la época.
Ordet, 1955, es una película en la que a partir, de personajes cristianos con posiciones contrapuestas, el director efectúa una profunda reflexión sobre la religión y la fe. La secuencia final es una de las más emocionantes de la historia del cine. Pero no solo de Dreyer vive el cinéfilo y también podrán verse en el MALBA otros títulos clásicos de gran interés. Reseñaremos brevemente algunos de ellos, varios de los cuales podrán verse, como señalamos, en copias nuevas y restauradas.
Francisco, juglar de Dios, 1950, de Roberto Rossellini, uno de los films más libres y desprejuiciados del director.
Dios y el Diablo en la tierra del sol, 1964, de Glauber Rocha, un título fundamental del cine latinoamericano de todas las épocas.
La mujer pantera, 1942, de Jacques Tourneur, apoteosis del estilo ambiguo y elusivo del director, con una excepcional iluminación de Nick Musuraca.
Bésame mortalmente, 1955, de Robert Aldrich, un clásico esencial, violento y pesadilleso, adaptando un relato de Mickey Spillane. Se exhibirá con los dos finales conocidos.
Brindis al amor, de Vincente Minnelli, un musical con varios números excelentes, como Dancing in the Dark, que bailan Fred Astaire y la recientemente fallecida Cyd Charisse.
Palabras al viento, 1956, de Douglas Sirk, tal vez el mejor de los espléndidos melodramas que el autor rodó para la Universal en los años 50.
Caballero sin espada, 1939, de Frank Capra, paradigma de los films del autor, que tras su estructura de comedia ocultan un amargo trasfondo.
Yojimbo, 1961, de Akira Kurosawa, traslación de Cosecha roja, de Dashell Hammett a la época de los samuráis japoneses, en uno de los títulos más jocundos y vitales del director.
The Players vs.Angeles Caídos, 1969, de Alberto Fischerman, un film arriesgado y poco convencional, muy representativo de un momento de la cultura porteña.
Delirio de pasiones, 1963, de Samuel Fuller, un relato ambientado en un psiquátrico al que llega un periodista oportunista y ambicioso para describir la vida del lugar.
El fotógrafo del pánico, 1960, de Michael Powell, el más perverso y detallado estudio del voyeurismo que se haya hecho jamás.
El gabinete del doctor Caligari, 1921, de Robert Wiene, pieza de museo valiosa esencialmente por el uso de los decorados expresionistas.
Una noche en la ópera, 1935, de Sam Wood, con los hermanos Marx en algunas de las secuencias más delirantes de su filmografía.
El padre de la novia, 1950, de Vincente Minnelli, formidable descripción de la vida cotidiana americana en esos años.
Amanecer, 1927, de Friedrich W. Murnau, obra maestra, no solo del cine mudo sino del de todas las épocas, de una asombrosa vigencia y modernidad a 80 años de su rodaje.
El retrato de Jennie, 1948, de William Dieterle, una obra atípica en la filmografía del director, en un film de un intransigente romanticismo. Jorge García
En la página del MALBA pueden consultarse días y horarios de las proyecciones.
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