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Tal vez muchos no estén al tanto de la serie de debates sobre el cine argentino que están organizando el PCI (Proyecto Cine Independiente), entidad que nuclea alrededor de 40 directores argentinos de cine, y el Centro Cultural Rojas. El objetivo de estos encuentros es juntar el primer martes de cada mes a diferentes personalidades del quehacer cultural para discutir y analizar distintas cuestiones ligadas al cine argentino.
Con una concurrencia moderada, la primera charla, realizada en abril, tenía como consigna: “Política cinematográfica, ¡presente su propuesta!”. Ese día, el ex director del INCAA, José Miguel Onaindia, y el cineasta y crítico Juan Villegas debatieron sobre el estado actual del Instituto de Cine y elaboraron propuestas para mejorar la producción y exhibición de películas. Se habló sobre la necesidad de actualizar la ley de cine vigente; transparentar la información sobre el manejo de los fondos del INCAA; promocionar el desarrollo de fondos regionales; y sobre la aplicación de la cuota de pantalla en la televisión. Tanto Villegas como Onaindia apuntaron, como posibilidad para incrementar la cantidad de público, a la educación del espectador, contemplando la enseñanza del lenguaje audiovisual en los colegios primarios y secundarios, para contrarrestar la pérdida, a nivel mundial, del hábito cultural de ir al cine. También coincidieron en que una solución probable para el problema de la exhibición en Argentina sería el fomento industrial a la construcción de salas cinematográficas, alentando a particulares interesados a través del otorgamiento de créditos blandos. Las propuestas debatidas fueron muchas y no se agotaron en este primer encuentro. Para los poquísimos afortunados que asistimos a la segunda charla, la de mayo, fue una experiencia inolvidable, por la calidad de los participantes, por la riqueza y variedad de lo debatido, por la posibilidad de preguntar y entender distintas cuestiones, y por lo divertido de las bromas y anécdotas que allí se contaron. En esta ocasión se trataba de “Cine y teatro: ser o no ser independientes (esa es la cuestión)”. Ana Katz (actriz, cineasta y dramaturga), Mariano Llinás (cineasta, productor y actor) y Vivi Tellas (actriz, dramaturga y asesora artística del Teatro Sarmiento) fueron los panelistas. El cineasta Rodrigo Moreno moderó el debate, y fue quien abrió el fuego con el interrogante de si la libertad, el desparpajo y la frescura que caracterizaron al cine argentino de mediados de los ’90 se encuentran ahora en el teatro independiente. Ana Katz opinó que, si bien en el teatro hay más tiempo para la investigación, actualmente parece como si, tanto en el cine como en el teatro, se hubiese encontrado la fórmula, el nicho, aquello que se sabe que va a conseguir subsidio, o productores, o público, y ya no se arriesgue o se busque nuevos límites. Se tiende a proteger el status quo y cuando surge alguien con algo distinto, experimental, o fuera de lo común, es silenciado. Muchas veces, acotó Vivi Tellas, ese silenciamiento o prejuicio viene de los mismos pares. Existe una suerte de “amiguismo”: es el mismo grupo de gente del teatro el que va de una obra a otra, aprobando o censurando lo que realizan sus colegas. Algo de lo mismo ocurre supuestamente con el cine nacional. Llinás, por su parte, habló de cómo el cine está regido por el paradigma del recupero económico. En el teatro, según él, hay más libertad porque no es tan costoso. El subsidio que recibe el teatro es irrisorio en comparación con el que recibe cine puesto que no constituye ni siquiera el costo de un día de rodaje de una película. Los directores y productores cinematográficos están signados por la cuestión monetaria. Y por otro lado, al teatro nunca se le recrimina el hecho de que no gane dinero, como sí sucede con el cine argentino. De hecho -acotó- algunos críticos, en particular, y el público, en general, le exigen al cine nacional que sea exitoso en términos de taquilla mientras que no le piden lo mismo al teatro independiente. El director de la maravillosa Historias extraordinarias, un ejemplo en cuanto a producción por fuera del INCAA, señaló que hay formas de producir que no requieren de una maquinaria infernal, que con los nuevos y diferentes soportes, hoy en día, filmar resulta menos complicado y que si dejara de de pensar tanto en el dinero el cineasta podría focalizarse más en la película que está haciendo. Un tema que apareció rápidamente sobre la mesa fue la necesidad de generar espacios de discusión, y si estos espacios deben provenir desde dentro de la práctica cinematográfica o deben ser instigados por la crítica. En un principio las opiniones eran opuestas pero finalmente se convino en que cada participante del hecho cultural, llámese éste cine o teatro, debe propiciar y alentar los debates profundos sobre el arte en general. Luego se tocaron muchos otros temas, como el viejo pero cierto cliché que reza que los cinéfilos odian el teatro, idea que Llinás defendió a capa y espada, y se postuló a sí mismo como ejemplo acabado, hasta hace muy poco tiempo, de esta encubierta rivalidad rayana en lo futbolístico. También se habló de aquel otro lugar común, quizás un poco menos verdadero, que dice que los directores de cine menosprecian a sus actores o que, al menos, no tienen el suficiente tiempo para dedicarles cuando son tantos los asuntos sobre los que tienen que decidir. Se debatió además sobre la necesidad del cine de actores con cartel y, al mismo tiempo, sobre cómo los actores del teatro independiente son tomados por el Nuevo Cine Argentino. Esto derivó en un análisis sobre la importancia de la formación del grupo de actores al estilo Cassavetes o Fassbinder, y si esto es más viable y tolerable en el teatro que en el cine. Más tarde una duda fue planteada: ¿los independientes hacen “fracasos” o a cualquier fracaso de público se lo denomina “independiente”? Mientras Rodrigo Moreno hablaba de su proyecto de hacer una película “fallida”, a contrapelo de todo lo que realizó anteriormente; Ana Katz dejó caer la idea de “superficialidad TN”, es decir, la realidad aprehendida en su superficie, en su liviandad, sin lugar para el silencio y la profundización. Vivi Tellas explicó su método de “secuestro” de la realidad, donde saca lo ficcional o lo teatral de la realidad y lo pone en escena. La ficción puesta en el lugar donde debe ir la ficción para así ver qué queda de la realidad. Se charló sobre las distintas experiencias, en muchas ocasiones poco felices, de traspaso de obras dramáticas del teatro off al teatro de la calle Corrientes, y del apropiamiento del cine de obras teatrales. Las más de dos horas de duración de este segundo debate estuvieron a punto de suspenderse por la falta de asistentes. Este es un dato triste y preocupante porque si por un lado reclamamos -críticos, cineastas y cinéfilos- espacios de discusión y reflexión en profundidad sobre el hecho cinematográfico (como se dijo en las charlas del año pasado sobre el estado de la crítica también organizadas en el Rojas), cuando esos espacios se abren no los aprovechamos. ¿Por qué los dejamos pasar, por qué son desperdiciados? Son preguntas que nos debemos hacer. Es muy fácil achacar males cuando no estamos interesados en encontrar respuestas. Lo difícil, lo arduo es tratar de entender, a través del diálogo y del debate, qué es lo que está mal, qué es lo que se puede o se debe mejorar, o qué es lo que queremos de nuestro cine y de nuestra cultura. Una posibilidad de entendimiento se nos abre el primer martes de cada mes en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Marina Locatelli
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