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Alta Tensión en el Rojas: La crítica y el cine argentino PDF Imprimir E-mail


Hace unas semanas publicamos la primera de las charlas que se realizaron en el Centro Cultural Ricardo Rojas respecto de la crítica y su estado. Aquí va la segunda, una sustanciosa discusión entre Gustavo Noriega, director de El Amante, y Pablo Sirvén, jefe de espectáculos de La Nación. Noriega y Sirvén ya vienen polemizando hace tiempo, el segundo desde su columna Entrelíneas de la edición dominical del diario de los Mitre, el primero, bueno, ya saben. Se encontraron y, con la amabilidad que corresponde al caso, discutieron de todo. Aquí va la charla completa: vale la pena seguir lo que es, sin dudas, una discusión de fondo no sólo para los críticos de cine, sino para todos los que siguen devotamente yendo a las salas.

Alta tensión: la crítica y el cine argentino

(Panelistas: Pablo Sirvén y Gustavo Noriega; Coordina: Sergio Wolf).

Wolf: El encuentro de hoy está protagonizado por Pablo Sirvén y Gustavo Noriega. Sirvén es Secretario de Redacción del diario La Nación y aunque no es estrictamente crítico de cine, frecuente y regularmente interviene sobre el territorio del cine y del cine argentino en particular, a través de su editorial “Entrelíneas”, todos los domingos, y que estimo es una sección muy leída del diario).

A mi izquierda tengo a Gustavo Noriega, que es el director de la revista El Amante Cine y el director de la Escuela El Amante. En su caso él sí ejerce la crítica regular, a través de la revista y de la radio, en el programa de Luis Majul, y se ocupa regularmente de hacer crítica semanal. También, en términos específicos, es uno de los que comparte la obsesión por hablar del cine argentino.

El encuentro de hoy tiene que ver con el vínculo entre la crítica de cine y el cine argentino, así que me parece que lo primero es que cada uno diga cuál cree que es el estado de situación en cuanto a las relaciones entre la crítica de cine y el cine argentino.

Sirvén: Yo creo que tiene que ver un poco desde qué medio se hace la crítica y a qué público llega. Me parece que por ahí es interesante, justamente, el contraste de esta mesa hoy porque, de alguna manera, representamos a dos medios bastante diferentes no solo en su frecuencia sino también, en el caso de El Amante, una revista específica (casi técnica) sobre cine y, el periódico que yo represento, un diario de tipo enciclopédico (esto es: al que le interesan todos los temas, que no es específico de cine, ni siquiera es específico de espectáculos sino que trata de abarcar todas las áreas). También tiene que ver el lugar que cada medio quiere representarse en esta sociedad, y lo que refleja (como se dice comúnmente) supuestamente en el imaginario colectivo. De eso podrá hablar con más autoridad El Amante, y yo podré hablar de La Nación. Es un medio que tiene 137 años y una presencia muy fuerte en la sociedad argentina y especialmente en la porteña, con mucha gente que lo lee fielmente a través de las distintas generaciones, y otra gente que también lo lee pero lo critica contínuamente, con razón a veces y sin razón otras.

Dentro de un diario enciclopédico, en los últimos 5 años me tocó ser jefe de la sección espectáculos y desde hace poquito, dos meses, soy Secretario de Redacción con otras funciones pero que incluyen supervisar espectáculos.

¿Cuál es el criterio con el que se hace crítica en La Nación? Es el criterio que responde a lo que yo les decía al principio: el diario enciclopédico. Esto es que tiene que de alguna manera representar en el puñadito de críticos que tiene una diversidad de opiniones e ideologías, que además son generacionales, distintas posturas frente al cine que se estrena cada semana. Y eso, lejos de hacer un todo contradictorio, lo que hace es una suerte de menú muy ecléctico. El cine es el contenido más importante del suplemento de espectáculos de La Nación. Esto coincide, aunque es una mera casualidad, con que el principal anunciante del suplemento de espectáculos son las distribuidoras de cine. Y les digo que es casual porque nosotros no tenemos ningún tipo de conexión con el área comercial, y tampoco el área comercial pretende influir sobre la sección espectáculos de La Nación. Y a las pruebas me remito porque, más allá de los avisos que ustedes puedan ver, a veces esos avisos están muy cerca (infelizmente algunas veces, cuando no nos damos cuenta, en la misma página) de una crítica que por ahí es adversa. Sin embargo esos avisos no son levantados, diría que al revés, que en muchos casos frente a una crítica adversa el anunciante se pone mucho más frenético en publicar, precisamente por conocer la influencia que tiene sobre un público muy afecto a los espectáculos como es el lector habitual de La Nación.

Frente a la diversidad de películas y de puntos de vista que hay, lo único que nos queda a quienes editamos al suplemento es pedirles al grupo de críticos que hacen cine que hagan una suerte de rotación en las películas. Y esto, más allá de algunas especialidades naturales que se dan, por ejemplo el caso de Fernando López que tiene especial predilección y gran conocimiento sobre cine europeo; o el de Diego Batlle, que está un poco más cerca de lo que serían las vanguardias y el cine nuevo; y lo que podría ser la mirada de Adolfo Martínez, que es una mirada más conservadora, más veterana, más representativa, además (mal que le pese a Noriega), de una buena parte del público de La Nación; y, accidentalmente según haga falta o no, Claudio Minghetti (otro denostado por el señor Noriega) también aporta lo suyo. Ellos se manejan con plena libertad. La consigna es que roten las películas, es decir, los supervisores nos enteramos quizás el mismo miércoles quién hizo cada crítica. No incidimos, no les decimos “hacé vos ésta” o “hacé vos esta otra”, sino que preferimos que lo hagan ellos siguiendo estas consignas. Así puede suceder, como pasó hace poco, que tanto Adriana (Franco) como yo fuimos a una privada de ¿De quién es el portaligas? , y salimos bastante satisfechos con la película. Pero en esa rotación que se da con las películas, la crítica le vino a caer a Adolfo Martínez y él le puso regular. Nosotros éramos conscientes cuando recibimos el material y en ningún momento lo llamamos, ni le dijimos nada. Y esto prueba, a diferencia de lo que puede pensar alguna gente afuera del diario que La Nación es una especie de lugar donde se censura todo con tijeras, en realidad Fito Páez era (y lo es todavía) un reciente colaborador de ADN Cultura. Y no es cualquier colaborador, porque es una persona bastante importante en el mundo de los medios. Y sin embargo nosotros no avisamos ni a los jefes superiores, ni le avisamos a Fito Paéz, y la crítica salió regular. Me acuerdo que me mandó un mail, a los dos o tres días, Carlos Ulanovsky y me dijo que le había parecido injusta la crítica y que él quería escribir algo. Y yo le dije, mirá estoy de acuerdo con vos pero a diferencia de, por ejemplo, El Amante que tiene espacio para publicar una crítica a favor, otra en contra, otra no tan a favor, otra menos en contra… en La Nación, porque además es crítico el manejo del espacio y porque hay otras áreas que cubrir (televisión, ballet, folclore, rock, teatro, jazz, radio, música clásica, etcétera, etcétera) no tenemos ese espacio. Es decir que hay una crítica por película y esa crítica es la que vale. Y no vale después que salgamos, de alguna manera, a esmerilarla. Esa fue la crítica con sus aciertos o sus desaciertos, de alguna manera representa a cierta parte del público. Como, por ejemplo, el jueves pasado la crítica de Música Nocturna tuvo excelente, la hizo Minghetti, yo recibí varios mails y me pasó a mí en la función de Cinemark del domingo, donde efectivamente vi que se levantaba gente de la película, no la aguantaba. No sé, poco tolerante, la película es lenta pero hay alguna gente que se pone como muy nerviosa especialmente cuando la calificación es tan extraordinaria. Y a mí no me pareció excelente la película, me pareció buena. Pero me parece que eso es lo lógico, o sea, somos toda gente distinta. La película es una misma película pero todos tenemos distintas formas de ver las cosas. Y la gracia del suplemento es que tenga esa diversidad, esas oscilaciones. A veces acierta más, a veces menos. A ustedes como lectores les pasará que a veces están de acuerdo con lo que saca La Nación, otras veces no, y bueno no hay una manera de unificar las cosas y de contentar a todos. Además, frente a la cultura, frente a algo tan subjetivo como el espectáculo, el hecho de que despierte controversias y polémicas está bien, eso es lo que debe hacer.

Wolf: Una cosa más para Sirvén: yo te había preguntado si hay alguna cuestión específica respecto de las películas argentinas o el cine argentino en general.

Sirvén: Rápidamente digo que cuando llegué hace 5 años el cine argentino estaba un poquito desatendido y empezamos a hacer una cobertura más intensa, más fuerte, más sistemática, especialmente a través de Julia Montesoro y Claudio Minghetti, y accesoriamente otra gente también. Agregamos anticipos más constantes y periódicos del cine argentino y las críticas, como siempre, el día del estreno salen todas.

En lo que a mí se refiere, no soy crítico de cine, pero sí tengo una mirada, a veces también en el programa de Magdalena (Ruíz Guiñazú) hablo pero como habla ella, como un espectador en todo caso un poco más especializado, no como crítico formado en cine. Pero sí sentí que cierta parte de la crítica, una crítica que a mí me parece saludable (por ejemplo en El Amante) que alabe un de cine más críptico o más para minorías o más elitista, si se “exportaba” a un medio masivo como La Nación sin dar ningún tipo de advertencia a un público general, a un público medio (que no es especializado en cine y que por ahí lo que quiere es ir a ver una película el viernes a la noche con su mujer, ir a comer y ver una película) me parecía que ahí había un problema. No un problema al punto de censurarlo, cosa que no se me ocurre nunca y me hizo mucha gracia en todos esto años cuando decían “censura tal cosa y tal otra” (a las pruebas me remito, pueden ver la colección del diario La Nación y verán todo tipo de opiniones), me pareció que como periodista uno tiene que oficiar de contrapeso. Es decir, si empieza a alabarse un determinado cine que no es para la mayoría y yo estoy en un diario masivo, tengo que llamar la atención desde algún lugar y eso lo hice desde la columna de los días domingos. A esto también se suma el tema de las políticas de créditos y de subsidios en los últimos años que también me parece que da para una suerte de controversia o de opinión. Si, por ejemplo, hubiera sucedido lo contrario y todo el mundo hubiera denostado el Nuevo Cine Argentino, probablemente yo me hubiera puesto en contrapeso y hubiera salido a defenderlo. Esto es, no es un juego de me opongo porque sí, sino porque me parece que también en alguna medida siendo el editor o supervisor de la sección yo puedo en una columna editorial a veces contrapesar algún tipo de opiniones sin que esas opiniones sigan después saliendo en los anticipos, en las críticas y en la cobertura que le damos a los festivales (como con el BAFICI: no hay otro diario que publique crónicas y críticas tan intensamente como La Nación).

Noriega: El Amante, ya está por cumplir 16 años. La verdad es que me parece mucho más interesante hablar de La Nación que de El Amante, porque en El Amante es como que,en algún sentido, hacemos lo que queremos. No hay que evaluar qué encajar con qué, no tenemos avisos, tenemos pocos lectores… es mucho más libre todo. Tenemos una actitud política, sobre todo con el cine argentino, que en realidad no empezó con el número 1 sino que la fuimos adquiriendo. Cuando empezó la revista el cine argentino estaba a punto de no existir y cuando apareció el Nuevo Cine Argentino nos agarró algo militante. Nos pareció importante saludar y proteger y alentar ese cambio. El cine argentino que se estaba haciendo en la primera mitad de la década el 90 técnicamente era tremendo, se moría, nadie iba a ver las películas, no estaba la ley todavía. La ley fue muy importante para el cambio, y la aparición de una generación joven también, y esto fue acompañado por nosotros con los excesos naturales del entusiasmo de no tener que contrapesar nada.

Pero ahora me resulta muy interesante La Nación. Es lo que estoy pensando últimamente: ¿qué hay que hacer con un diario? Porque yo sé lo que hay que hacer con El Amante: vas con los tapones de punta, decís lo que pensás, no tenés problema, actuás políticamente, o sea hay muchas menos contradicciones. Un diario es muy complejo. Ahora está por aparecer el diario Crítica, hay gente amiga nuestra y me fascina el proceso de pensar una sección nueva. De hecho estoy escribiendo en el site de Majul cómo tiene que ser un suplemento de espectáculos. Y el caso de La Nación me parece muy interesante porque Sirvén hizo una cosa que no se hacía en los diarios. La diferencia entre la columna de Sirvén y cualquier página de Clarín es abrumadora, o sea: ¿qué página de Clarín (que no sea el “Replay” de la última página de espectáculos) uno va a buscar? Llega el domingo y uno va a ver qué puso Sirvén, y se indigna y dice “mirá lo que puso Sirvén, qué barbaridad”. O incluso últimamente estamos hasta de acuerdo con Sirvén (horror). Sirvén abrió su mente y empezó a criticar a Macri; la relación con el Instituto pasó a ser otra, el Instituto nos ayudo mucho a ser más parecidos. Y, mientras él hablaba yo pensaba: en realidad lo que yo pensaba de La Nación no era que hubiera tijeras sino que faltaban tijeras. Me parece que la columna de Sirvén es muy interesante, muy activa, participa, trata de intervenir políticamente en la esfera pública y el resto de la sección no sirve como camino. Yo entiendo esa cosa de que es un mosaico que hay que ver, pero me parece que una línea editorial tiene que rebalsar la idea de una columna personal. O sea, me parece que La Nación hace una cosa interesante que es decir que están inventando el cine argentino y el iraní, burlarse un poco de las películas lentas, etc. Toda esa cosa como una toma de posición, digamos. Después está el tema de Adolfo Martínez (no te quiero poner en una situación incómoda) pero es como un agujero negro en la página, ¿no? Yo siempre cuando veo qué película comentó, qué película argentina comentó el jueves, digo: “Uy, el distribuidor se debe querer matar. En el carrousel éste, le tocó Adolfo Martínez”. Digo: todos sabemos que copia los argumentos de la gacetilla. Que en El pasado copió el argumento de la contratapa del libro. Ahí hay algo que está radicalmente mal. Estamos perdiendo un espacio muy importante para el cine argentino. Esta articulación tremenda que puede haber entre la crítica y la aparición de un cine argentino, el diario éste que tiene una posibilidad de intervenir públicamente, que tiene la facultad de hacer una línea editorial, tiene como un agujero negro. Yo quiero pensar que hay motivos “extra partidarios” para que eso suceda, para que ese lugar no lo ocupe un crítico de verdad. Minghetti es una desgracia en otro sentido, pero bueno puedo llegar a entender, pero Adolfo Martínez es muy grave para un diario.

A diferencia de lo que pasaba en la década del noventa, que no había gente que escribiera en los diarios con capacidad, que no había nada para leer de cine en la Argentina directamente, ahora hay mucha gente muy capacitada. De hecho hay diarios que tienen muchos buenos críticos como Página 12, La Nación tiene a Fernando López y a Diego Batlle, Stiletano puede escribir algo que está bien. Entonces me parece que si yo tuviera que hablar como si fuera presidente, las cosas que voy a decir son las razones por las que al final nunca soy presidente. Son cosas que no se pueden hacer. Pero si yo me ocupara de la sección de espectáculos de La Nación, para mí el desafío sería tener una línea editorial firme y fuerte con la cobertura de los estrenos, aún considerando la pluralidad del público La Nación (con un sesgo como bastante conservador, que me parece muy razonable), y yo haría justamente es lo contrario: decir este tipo de películas las tiene que cubrir esta persona, esto no puede ir a sorteo. O sea, la película de Fito Páez no se trata de que se hable bien o mal porque es columnista de ADN, sino qué se hace con la película de Fito Páez ¿Es algo importante para el cine argentino? ¿No es algo importante? O sea, todo ese tipo de pensamiento me parece que los diarios no lo tienen. Clarín no lo tiene en absoluto, Página 12 lo tiene porque es muy homogéneo en la calidad e idea de sus críticos, y La Nación me parece que está en el medio, que tiene una oportunidad muy importante. Incluso si la decisión fuera “salgamos a criticar al Nuevo Cine Argentino, al cine iraní, a las películas lentas, etc., etc., etc.”, incluso si fuera eso, me parece mucho más interesante.

Sirvén: Bueno, en primer lugar me parece un poco desagradable, de mal gusto, que vos te refieras así a un colega como Adolfo Martínez. En segundo lugar vos, en el sitio de Majul, en “Hipercrítico”, te preguntás (y por eso digo que es de mal gusto) cómo todavía sobrevive en La Nación Adolfo Martínez siendo una persona mayor (aunque no tan alejada de vos porque no sos un pendex, o sea, y entonces si él está sobreviviendo o no tiene derecho a sobrevivir, vos tampoco deberías tener derecho a sobrevivir como profesional). Es decir, la pregunta que te hago es: ¿qué harías vos si estuvieras a cargo del suplemento de espectáculos de La Nación? Abrirías la ventana que da a Madero y lo tirarías por la ventana a Adolfo Martínez. A mí me parece que no es lo más prudente. Yo creo que Adolfo Martínez debe seguir escribiendo las críticas porque, por otro lado, vuelvo a repetir, más allá de que pueda compartir o no lo que decís, no me constan las cosas que decís. Que copia absolutamente todo o parte o un poquito de la tapa o la contratapa de no sé qué… Sí, yo que lo conozco más personalmente encuentro en él a cierto perfil de público. Insisto, cierto perfil de público que vos por ahí no ves porque que vas, qué se yo, a vernissages o vas nada más que al BAFICI entonces no te encontrás con las señoras y señores de 70 años para arriba que van al Patio Bullrich. Yo me encuentro a miles “de Adolfo Martínez” caminando por los cines y no te cuento los domingos a la tarde cuando van todas las viejas en banda a ver una película que vos por ahí le ponés regular. Entonces cuando Adolfo Martínez, a mi pesar, le pone regular a ¿De quién es el portaligas?, por otro lado me consuelo pensando “bueno, quizá alguna de las señoras o señores de la edad o del pensamiento de Adolfo Martínez van a decir: sí, está muy bien que sea regular y lo que dice yo no entendí nada”; y entonces La Nación, a pesar de que tiene (como vos decís) una línea editorial fuerte, siempre trata de hacer, con mayor acierto o no, una distinción que nos enseñaron mucho en las escuelas de periodismo y que era, por un lado la noticia y por el otro lado lo editorial. Ya sabemos que la noticia en sí misma, pura, tampoco existe, porque hay una selección, hay un tamaño, hay algo que se pone y ese lugar que ocupa esa nota le está sacando lugar a otras diez notas que quedaron afuera porque no entran. Pero hay como una puesta en escena de un esfuerzo porque eso se le pide a los redactores y también a los editores de cierta, vuelvo a repetir cierta, subrayo “cierta” objetividad. Entonces esto que te llama la atención a vos y que vos creés que es un descuido que tenemos, una displicencia, una vagancia de dejar los materiales así como caigan, tiene ese sentido: no estamos en un medio de punta a punta que quiere imponer una determinada idea. Al contrario: cuando tenemos una idea muy firme se dice “ah La Nación, con sus 137 años contra el país y qué sé yo”, entonces pónganse de acuerdo, porque hay una cantidad de críticas que se le hacen a La Nación y yo creo que, en Espectáculos, muchas veces hay anticipos que tratamos de hacer de una manera bastante, cómo te diría, neutral. La Nación, como otros medios, acepta unas invitaciones de distribuidoras de cine. Yo últimamente lo que les he pedido a los redactores, que lo están haciendo y si no lo hacen en todos los casos es por olvido porque es una nueva disposición, es que la pongan en los anticipos. Que digan por qué están yendo, quién invitó. De hecho, en las crónicas de Marcelo Stiletano, en la primera del festival de cine de San Luis se consignó que La Nación con los otros medios habían sido invitados por la organización del festival. Con lo cual yo también le pongo ahí al público, primero para que tenga toda la información, y después para que también incluso piense mal: “ah, bueno, fueron porque les pagaron el viaje y entonces por eso…”. Eso está en la libertad de la gente. Igual, como vos has hablado de los anticipos como que son promociones que hacemos de las películas, en muchos casos esa promoción dura muy poquito porque sale la crítica y por ahí la crítica la hace bolsa a una tapa de dos o tres días antes. Y vos dirás, “pero qué contradicción, ¿cómo le dan la tapa y a los dos días la matan?”. Porque pensamos que tiene que correr eso más libremente, digamos, no es un club donde todos tenemos la camiseta de River. No, hay distintas camisetas e incluso camisetas que a mí no me gustan mucho. Imaginate si yo impusiera como vos querés la política de la columna editorial de los domingos sobre cine argentino, sobre la crítica, yo tendría que haber abierto la ventana y haber tirado otro crítico. No a Adolfo Martínez. Y sin embargo no, porque me parece que es válido, porque representa a una porción importante del público y por eso se cubre el BAFICI también. Y me parece que la gracia de La Nación, gracia entre comillas, está en esa heterogeneidad, en esa contradicción, en eso que vos llamás debilidad y que para mí, en cambio, es una fortaleza.

Noriega: Es tendencioso interpretar que eso de “cómo sobrevive en La Nación” alguien como Adolfo Martínez , es que yo lo quiero tirar por la ventana. De hecho, nos pasa a todos que es un personaje simpático, es una especie de Mr. Magoo que va a las privadas. Pero es muy difícil discutir si no aceptamos el hecho básico de que lo de la contratapa de la novela El Pasado es algo que está ahí. Creo que la obligación de los editores de La Nación es ver que está pasando eso en el diario. No creo que sea un problema de diversidad y que él enfoca a un público que a mí no me interesa. Me parece que es un problema de probidad profesional que no se está cumpliendo. Tampoco quiero cerrarme en este caso, pero creo que es un momento complicado para el diario. (Sigue acá)

 
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