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Resulta que en el Centro Cultural Ricardo Rojas hubo un ciclo de películas y charlas dedicadas a la crítica. Además del estreno de Cinéfilos a la Intemperie -documental que nos puso como protagonistas, más bien objetos de estudio- hubo otros film y dos grandes charlas-debate dos. La primera tuvo a Diego Lerer, Marcos Vieytes y Juan Pablo Martínez como panelistas, a Javier Porta Fouz como coordinador, a Sergio Wolf como invitado y, además, la aparición especialísima de Alejandro Ricagno. Y fue movida y larguísima. Más que eso, interesantísima. Así que acá la presentamos íntegra aunque cortada en tres partes para que el scroll de la pantalla no haga humo aunque los panelistas se saquen chispas. Prometemos que vendrá la otra charla, con el combate de fondo Noriega - Sirvén a 15 rounds.
En estado crítico: el estado de la crítica en
Argentina
Hoy y mañana: presente y futuro de la crítica en
Argentina
Panelistas:
Diego Lerer, Marcos Vieytes y Juan Pablo Martínez.
Coordina:
Javier Porta Fouz
Javier Porta
Fouz: -La idea es hablar hoy de la situación de la crítica en Argentina, de si
hubo o no hubo una renovación en los ‘90, de si el presente tiene todavía ecos
de esa renovación si llegamos a la conclusión de que la hubo, y hablar de la
influencia de la crítica. En ese sentido quería empezar contando algo que ocurrió en Clarín,
una nota que salió en Clarín firmada
por Diego Lerer y Marcelo Panozzo. Era una nota sobre el cine que no se veía en
Argentina y había un recuadro que decía todas estas películas son importantes para
el cine del momento y estas películas todavía no las habíamos visto, algunas de
ellas se habían dado en el Festival de Mar del Plata. El ochenta por ciento de
esas películas finalmente se estrenaron en los años 1998, 1999, 2000. Y el
distribuidor Pascual Condito, de Primer Plano, dijo una vez que él había leído
esa nota de Clarín y gracias a ella había
decidido estrenar la mayor cantidad posible de películas ese listado, entonces
ahí se veía cómo una intervención de la crítica finalmente redundaba en el cambio
en la cartelera. Que se haya estrenado, por ejemplo, La mirada de Ulises, modifica la cartelera cinematográfica,
modifica la relación de los espectadores con el cine del año. Y buena parte de
los motivos por los cuales se estrenó esa película fue la nota de Clarín, entonces quería que Diego hablara
de la influencia que tuvo en ese momento la crítica y de si esa influencia
sigue o si ya no es posible.
Diego Lerer: -Yo
citaría El sabor de la cereza como
ejemplar. Creo que ese momento fue importante porque había una serie de películas
que directamente no entraban en consideración de las distribuidoras. Ahora
bien, tras el éxito de El sabor de la
cereza, La mirada de Ulises y
alguna que otra más, el mismo distribuidor volvió a estrenar películas de
Kiarostami, volvió a estrenar películas de Angelopoulos, y ya no le fue tan
bien, y ya después de seis meses o un año se dio cuenta que bueno, que muy
lindo todo esto pero era una pérdida de mucho dinero, paremos con esto. Así que
si en parte algunos tenemos la culpa de que desde hace un par de años se haya
convertido en un cliché el tema del cine iraní en la Argentina, también los números fueron dando como resultado que los
distribuidores no quisieron (estrenar ese cine). Y así fue. La sensación que yo
tengo es que al menos ese cine tuvo una eclosión en la Argentina entre el ‘97, ‘98 y la crisis de 2001, fuerte y también muy
relacionado a la explosión de los ciclos de cine, como por ejemplo el Festival
de Mar del Plata. Me parece que la época 1997-2001 fue una época muy fervorosa,
muy apasionada donde también, al menos en la crítica, se notaba, y también en
el cine argentino, como una línea muy clara, donde parecía que todos íbamos
para el mismo lado: críticos, cineastas, algún caso de distribuidores también.
Los mismos críticos éramos un poco más homogéneos en el sentido de cuál era el
cine que no nos gustaba, el que no apreciábamos demasiado en la cartelera y de
hecho algunos distribuidores empezaron a echarse atrás con respecto a ciertas
películas que antes se estrenaban. Pero luego una cosa que dijo Pascual Condito
mucho tiempo después, dijo algo así como “bueno finalmente me di cuenta de que
lo que la gente quiere cuando va al cine es emocionarse”. Con lo cual, dejaron
de estrenarse esas películas, Pascual Condito dejó de estrenar ese cine también.
Pero la sensación que tengo es que después de ese momento de fermentación, desde
2002 en adelante hay como una sensación un poco más dudosa en cuanto a la
influencia de la crítica, en cuanto al cine que se está estrenando, en cuanto a
la homogeneidad y a la idea de que más o menos todos tiramos para el mismo
lado.
JPF: - Vos
hablabas de una homogeneidad de la crítica que más bien es el período de la
segunda mitad de los noventa. No es muy difícil comprobar que en los noventa
hubo en la Argentina cierta renovación en la crítica, yo diría que incluso un pasito
antes que la renovación del cine argentino. Las películas estaban, algunas películas
estaban del Nuevo Cine Argentino pero
sin embargo fueron algunos ciclos de la revista Film, que salió en el ’93, que pusieron esas películas en
consideración. Rapado, El acto en cuestión, las primeras películas
de Perrone, se dieron en la sala Lugones
presentadas por la revista Film.
Entonces, hubo una renovación en la crítica. La revista El Amante, a principios de los ’90, en diciembre del ’91. Me parece
bastante innegable que en los ’90 hubo una renovación en la crítica, el tema es
que me parece que en esa crítica, en esos críticos, en la segunda mitad de los
’90 había un mayor espíritu de cuerpo, de grupo. Quería preguntarles cómo veían
esa homogeneidad de los noventa, cómo veían ellos dos (Vieytes y Martínez) que
son más bien críticos que empezaron en el 2000.
Marcos Vieytes:
-Creo que en principio es necesario para contestar eso contextualizarme a mí como
crítico; lo soy hace nada más que dos años o tres años, y el tema es que escuchando
a Diego hablar sobre la influencia ese artículo de Clarín, de la crítica de la distribución, yo me preguntaba si no
viniendo de un medio mayoritario, como puede ser un diario, se puede tener
algún tipo de influencia como se tuvo en ese momento que quizás responda a esa
homogeneidad que dicen que había. Entonces la pregunta también es si la
influencia de la crítica, me lo pregunto yo y lo tiro acá, puede realmente existir sobre la distribución
y la posibilidad de que se vean películas distintas, o si va directamente, quizás
escépticamente de mi parte, sobre el lector. Yo como lector me formé leyendo El Amante fundamentalmente, los diarios,
y seleccionando de cada uno de los diarios el crítico de cine que más me
gustaba. Y a nivel personal esa influencia existió mucho. Lo que siento sí es
que hay justamente una generación de críticos, por ejemplo en el medio en que
yo estoy que es El Amante, que ya no
está en algunos casos puntuales o hay un lugar que se nos está dando a
nosotros. En mi caso personal establezco una relación muy directa en esta etapa
con la película en cuestión que me toca ver más que con los mecanismos de
distribución y la influencia que pueda tener el texto que escribo en la
distribución, o que se consiga que otro tipo de cine se vea. No alcanzo a verlo
en toda su dimensión todavía. Creo sí también que se ha fragmentado mucho el
acceso al cine. Fragmentado acá significa que tenemos acceso a más películas
pero por una cuestión de medios tecnológicos, de cómo se consiguen, de copias,
etc., más que por lo que se estrena y el hecho de que uno también sepa buscar esas películas significa que ha tenido
un aprendizaje de los críticos. Yo veo la influencia directa que tuvieron los
críticos en mi formación; ahora no sé si es una formación mayoritaria, en
general, en el público.
Juan Pablo
Martínez: -A mí me parece que como dijo Marcos la crítica en cuanto a público que
lee crítica hay que separarlos de los que realmente se interesan en la crítica
de cine, que lee revistas especializadas o que lee los diarios pero teniendo en
cuenta un crítico, y separarlo de lo que es el público normal, común, que va al
cine, que se guía por las críticas de los diarios. Me parece que sí obviamente
hay una influencia, por ejemplo, cuando se estrenó El sabor de la cereza fue un exitazo increíble, tuvo buenas
críticas en todos lados. Para el público fue como una moda, fue una película
que llevó mucha gente pero después, más adelante, se estrenaron otras
películas, con críticas favorables también, pero los espectadores ya no estaban
más. También tiene que ver con una cuestión del cine más grandote que se fue
comiendo vías de distribución. De un tiempo a esta parte se perdió bastante de
cine, no sólo cine europeo, cine considerado “cine de arte”, si no cine
americano también. Muchas películas, que se hubieran estrenado sin dudas, ahora
van directo a video. También hay como un montón de factores que influyen.
DL: -Cuando yo
hablaba de la homogeneidad en los críticos de otra época, no tenía que ver con
que todos pensáramos lo mismo o que todos coincidíamos en los gustos, si no tenía
que ver también que en esa renovación había algo contra lo cual luchar. Esa es
la idea, había como un enemigo. Y ese enemigo era cierto viejo cine argentino,
cierto viejo establishment de la
crítica y del cine argentino, rancio, no necesariamente todo. Aristarain, Favio
eran defendidos por los críticos menores de 30 años en ese momento, pero había
como una suerte de lugar común de un montón de cine que se trataba de socavar
de alguna manera. La homogeneidad tenía que ver con cortar ese consenso crítico
que tenían un montón de películas que nosotros sentíamos que no lo merecían y,
a la vez, levantar el de otras que eran pasadas por alto, tanto del cine
independiente extranjero como de cierto cine argentino. Lo que me parece ahora,
a diferencia de esa época, es que, por ahí es medio contradictorio lo que voy a
decir, que no creo que el enemigo no esté más. Creo que está, y está igual o
más fuerte que antes. La diferencia es que la sensación que uno tiene es que no
hay un criterio de unidad, criterios que no eran planteados en el sentido de
juntarnos a decir cuál era la operación política. Existía como un espíritu de
época. Ahora me da la sensación que se sabe contra lo que se lucha pero no se
sabe muy bien qué es lo que se defiende. Lo que se defendió en una época ahora también
puede haberse convertido en una nueva versión de ese enemigo. Cosas que antes
renovaban, hoy se transformaron en el establishment
y se han reiterado, y se han repetido, no en todos los casos. Y la sensación es
que lo que se renueva a partir de eso, los cineastas que empiezan ahora no
generan el mismo consenso por ahí que se generaba en una época. Yo estoy muy
seguro que muchas películas que defendimos muchísimo entre el ’98 y el 2001 si
se estrenaran hoy serían muchísimo más criticadas de lo que lo fueron en esa época.
Estoy convencidísimo de que muchas películas que tuvieron cinco estrellitas, nueves y diez, si pasaran
a estrenarse hoy serían mucho más duramente criticadas porque me parece que también
el Nuevo Cine Argentino se transformó
como en una marca, como en una cosa ya establecida y, obviamente, es lógico
pensar que es algo que hay que tratar de discutir, hay que tratar de empezar a
desarmar, más que nada cuando se conforma como lo que hay que hacer.
JPF: -A mí me da
vueltas esto del viejo consenso y la ausencia de ese consenso hoy; y voy a
poner algunos casos concretos. Cuando salió
Pizza, Birra, Faso, cuando salió Mundo
Grúa eran todas críticas a favor, hoy nada garantiza que la próxima
película de Trapero, incluso de las dos últimas películas de Trapero, sean
tratadas así, con el mismo fervor, con el mismo entusiasmo. De hecho, cuando salían
esas películas eran una serie de críticos que querían esas películas, que
entusiasmaban al resto y eran películas que había que ver. De hecho los 100.000
espectadores que llevó Pizza, Birra, Faso
son hoy inimaginables para una película de esas características, o los 70.000,
80.000 que llevó Mundo Grúa. También
tenía que ver ese entusiasmo de los críticos. Hoy en día yo me jugaría a decir
que ninguna película argentina (no sin verla, viéndola) va a tener el consenso
de los críticos. En este tiempo también ocurrió que varios críticos trataron de
hacer casi una campaña contra otros críticos. Salió una columna de Jorge
Carnevale que ha sido discutida, que ciertos críticos defendían ciertas películas,
que si esas películas sólo servían para los festivales y para la joven crítica.
De hecho, esa crítica que sabía quién era su cine enemigo de repente se
convirtió en la crítica enemiga para otros críticos. Hoy lo que veo es que ese
cine que antes era el enemigo, que estaba totalmente identificado, hoy ya se ha
desdibujado. La semana pasada se estrenó El
pasado, que claramente es el pasado del cine, en un sentido estético y del
que quieras, y las críticas de los principales diarios salieron a favor. Entonces sale a favor eso, sale a favor la
película de Fito Páez, sale a favor La
señal, sale a favor XXY, y sale a
favor la película de Lisandro Alonso; entonces, si todo sale a favor, qué es lo
que la crítica defiende. ¿Sigue existiendo la crítica, esa crítica que hacía la
diferencia, que hacía que se le prestara atención a Rapado frente a la indiferencia del Instituto de Cine? ¿Dónde están los críticos o si esos críticos ya
dejaron de ver con claridad cuál es el cine enemigo, en el caso del cine
argentino? Esto también lo podría trasladar al cine extranjero. Me parece que está
pasando lo que viene sucediendo en España, que todas las películas son más o
menos buenas y cuando se estrena una de las buenas, se escribe que es muy buena
pero también hay tantas otras que eran buenas o muy buenas y que el público fue
a ver y dijo “esto no era lo que antes defendían”. Entonces hay una especie de desorientación.
Todo se discute pero también nada se ataca, es lo que veo como bastante
generalizado.
MV: -Haciendo
referencia a cierto consenso del que hablaba Diego, me parece que era tan claro
que la situación del cine en ese momento tan llana, en cuanto al cine argentino
en general, entonces quizás eso puede haber generado el consenso y aparte,
hasta ese momento, no había habido voces críticas que tuvieran medios también
para expresar su punto de vista sobre el cine. En todo esto se dio una
circunstancia que nos da la idea de que había más consenso y que eso terminó reflejándose
en las películas que se estrenaron. Creo que eso tuvo muy buen efecto, en los críticos,
en los espectadores y el primero de esos efectos es inclusive en el cine mismo.
Yo en ese tiempo era espectador y lector, que lo concibo casi de la misma
manera. Creo que la crítica ayudó, no sólo a que se distribuyera cierto cine,
si no, en el caso particular de Argentina, a que se hiciera un cine distinto.
La forma en que los críticos leían las películas, leían el cine, hizo que
algunos de los que luego filmarían se vieran influidos también por eso. No sé
si esa situación es repetible. Si está sucediendo lo mismo y decimos que no hay
buenas películas argentinas, quizás eso
este reflejando que no hay demasiados buenos críticos, o apasionados críticos,
pero no sé si es exactamente esa la situación.
JPM: -Yo quería
volver a lo que decía Diego de que hay ciertas películas que se estrenan ahora
y a uno no le parecen tan increíbles como lo fueron en otro momento. Creo que
eso es por una cuestión obvia de que venían de un período de cine argentino
horrible y de repente llegaron una cierta cantidad de películas que iban completamente
en contra de eso. Cuando acababa de aparecer fue una cuestión de que “este es
el cine que hay que ver porque este es el cine bueno que se hace”. Ciertas películas
siguen siendo lo buenas que eran antes, pero ya pasado el tiempo es más posible
analizarlas desde su contexto pero como película y no tanto como parte de un
movimiento. Creo que lo que contribuyó mucho fue que eran parte de un
movimiento que se oponía a algo que no estaba en buen estado. Yo creo que esas películas
ahora, algunas realmente se sostienen, otras no tanto, pero obviamente estaba
ese fervor de algo nuevo, de algo nuevo que era mucho mejor que lo anterior y
que valía la pena rescatar.
DL: - En 1994
hubieron 10 estrenos y después vino la ley de cine. Ahora se hace casi una campaña
con que el logro del cine argentino de hoy es que se estén por llegar a casi
los 100 estrenos al año. Lo cual es bueno en un punto pero también creo que
genera toda esta confusión que nos está ocupando todo este tiempo. Poder
separar la paja del trigo. Porque con 80 películas al año todo ese cine malo
que se hacía hace 15 años se sigue haciendo desde las grandes producciones,
desde las pequeñas producciones y el cine argentino que había establecido como
una otra cara también, de alguna manera, se incorporó a ese mismo paquete. Con
lo cual, en el presente, ¿qué es lo que hay que defender, qué es lo que está
ahí para ser defendido, si es que hay que defender algo? Comparto la idea de
que uno debería juzgar cada película como un texto fílmico, separado de sus
condiciones de producción, de distribución, etc., etc. Pero la situación tiende
a no ser así muchas veces. Si uno analiza la cantidad de estrenos de este año, se
da cuenta que hay 100 estrenos al año en vez de 13 que había en el ’94 pero yo
creo que, si tuviera que ponerme pesimista, diría que es mucho peor el hecho de
que sea así. Porque habiendo 12 o 13 películas, que haya 2 o 3 buenas y 10
malas es comprensible; que haya 80
películas y que haya 6 o 7 buenas es realmente lamentable. Y la verdad es que
tengo la sensación de que pasa eso. La pregunta es qué se hace con esto. Si es
un período simplemente de baja calidad o se llego a un punto donde así como en
los críticos no aparece una homogeneidad en cuanto a qué cine defender, entre
los cineastas tampoco aparece una idea de cuál cine que hay que hacer, cuál es
el cine que ahora no sería igual al viejo cine pero tampoco sería este lugar ya
común del Nuevo Cine Argentino. ¿Cuál
es esa tercera vía, por decirlo de alguna manera? Cada uno tira sus puntas y cada
uno procede de esa manera. Me parece que es como raro, es rico y es, a la vez,
complicado. Mientras los críticos no tenemos un punto en común en saber qué es
en lo que tenemos que ponernos de acuerdo o cuáles son las cosas que nos
interesan, da la sensación que los cineastas tampoco tienen muy en claro que es
lo que hoy en día va a interesar a los espectadores, va a interesar a los críticos.
Hay una sensación así como de crisis en la que es esperable que algo surja
interesante. (sigue acá)
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