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Francia PDF Imprimir E-mail
17.06.2010

de Israel Adrián Caetano, Argentina, 2009, 78’.

francia.jpegEn el panorama del cine argentino, se puede incluir con justicia a Israel Adrián Caetano en la categoría de “inteligente”. No porque sea un pensador antes que un realizador de films, sino justamente porque se asume como realizador de films. Aquí narra la historia de una pareja joven y disuelta, y –sobre todo– de cómo ve esa disolución la hija del que una vez fue un matrimonio. Hay dos registros en el film: el primero es el realismo triste de las vidas de esos dos personajes adultos (perfectos Natalia Oreiro y Lautaro Delgado). El segundo, la mirada de Mariana (la increíble Milagros Caetano, hija del director, que parece la Sofia Coppola de Frankenweenie o Los marginados). Mientras el primero pasea por la derrota de una sociedad definitivamente reducida a castas (la actual sociedad argentina del kirchnerismo reinante, ni más ni menos), la segunda apela a lo constructivo de la infancia para ejercer una crítica y una esperanza al mismo tiempo. La sabiduría de Caetano consiste en comprender cómo mira una niña de doce años y reproducir los procedimientos de esa mirada infantil: hay que ser muy inteligente para adoptar el punto de vista de la infancia sin ser pueril (la puerilidad no es más que el lugar común que los adultos que odian a los niños creen que es la infancia). Así, mientras el realizador muestra con enorme sutileza cómo esos dos muchachos de clase media que no lograron terminar sus estudios, que creen de algún modo en la cultura incluso consumiéndola a partir de deshechos (se dice que se conocieron comprando libros, se reparten al final copias de cds), terminaron fuera del sistema y en trabajos de servidumbre, Mariana –que se hace llamar Gloria, todo un juego de fantasía a la edad en que la fantasía es posible– triunfa conquistando sus anhelos a pura imaginación y juego. Este contrapunto hace que el film pueda eludir con absoluta elegancia las escenas sórdidas y las violencias que se narran o adivinan. Que la tendencia violenta del padre y la mala bebida de la madre queden poderosamente forjadas por secuencias sutiles. Que el mundo, ajeno a los dramas personales, reaccione con humor absurdo. El fresco de Caetano no deja títere con cabeza: las escuelas progre que son puro negocio, los sociólogos que cobran millones al Estado para “alfabetizar a los wichis”, los psicólogos policiales recién recibidos, los envilecidos servidores de las clases altas (no ya aristócratas: “aristos” significaba “los mejores”) quedan demolidos. Pero no hay dudas de que el director cree en una especie de utopía posible, algo que con buena voluntad podemos llamar un “piso” a partir del cual construir algo nuevo y, con un poco más de realismo, el “techo” que fija la nueva clase dirigente a los humildes (cero movilidad social, un trabajo digno que palia el hambre a condición de olvidar cualquier ambición). En ese punto, el film no es ambiguo ni cínico sino realista, y como última tabla de salvación, en un final hermoso, se aferra a la mirada de Mariana, ahora ya, definitivamente, Gloria. Leonardo M. D’Espósito

Publicado en el número 211

 
Cannes 2010: La palma de oro y Boyero PDF Imprimir E-mail
12.06.2010

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10 de junio de 2010 PDF Imprimir E-mail
12.06.2010
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Varios estrenos, y también algunas cosas que se dan en los cines para aprovechar la tecnología digital de alta definición.


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3 de junio de 2010 PDF Imprimir E-mail
05.06.2010

por_tu_culpa.jpg
Muchos estrenos. Algunas polémicas. Algunas recomendaciones. Críticas para leer.


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Editorial 217 PDF Imprimir E-mail
04.06.2010


Entrevistas con Adrián Caetano y Anahí Berneri por los estrenos de Francia y Por tu culpa. Dos notas sobre La pivellina + comentarios sobre las películas anteriores de Covi y Frimmel. Cuatro notas sobre Camino y Javier Fesser. Cuatro sobre Vincere y Bellocchio y cuatro sobre El escritor oculto, Polanski y ¡James Belushi! Y dos sobre Iron Man 2. Y hasta una crítica extensa y excéntrica sobre una película con Richard Gere y un perro. Estrenos muy bien cubiertos, desde diferentes ángulos y diferentes opiniones.
Una gran nota sobre Kenji Mizoguchi, de ésas que revisan su punto de vista crítico y nos obligan a pensar en el cine analizado y en nuestra propia actividad. También hay obituarios hechos por especialistas.
Ah, ¿Cannes? Una cobertura impresionante, llena de ideas, de películas, de miradas sobre el cine. Y con la lujosa y récord asistencia de tres redactores de El Amante al festival más famoso del mundo.
Y continuamos nuestra cobertura sobre el Bafici con una veintena de textos (y nos quedó algo más para el número que viene), con una organización temática y una variedad destacables: ¡hasta cubrimos los cortos institucionales!
En uno de esos rankings de calidad de vida que salen a cada rato, Buenos Aires fue elegida la mejor ciudad sudamericana para vivir. Parece que hay como 40 factores a tener en cuenta que se combinan para definir ese ranking, pero no leímos cuáles son exactamente esos parámetros. Quizás uno sea que en Buenos Aires sale la mejor revista de cine: sí, El Amante, ¿o pensaban que íbamos a dejar pasar la oportunidad de exagerar un poco frente a este rutilante número de junio?

 
Encarnación PDF Imprimir E-mail
04.06.2010


Argentina / Estados Unidos / Alemania / España / Venezuela, 2007, 93’
dirección: Anahí Berneri
producción: Daniel Burman, Diego Dubcovsky
guión: Anahí Berneri, Sergio Wolf, María Dolores Espeja, Gustavo Malajovich.
fotografía: Diego Poleri
dirección de arte: María Eugenia Sueiro
montaje: Alejandro Parisow
música: Nico Cota
sonido: Jésica Suárez, Javier Farina
intérpretes: Silvia Pérez, Martina Juncadella, Luciano Cáceres, Inés Saavedra, Fabián Arenillas, Osmar Núñez, Carlos Portaluppi.



Poner el cuerpo
por Javier Porta Fouz


“En efecto, la suerte está a favor de Eros. ¿Quién no coincidiría en silenciar este murmullo social por el clamor de traseros, muslos y pantorrillas? Las nalgas reinan.”
Susan Sontag sobre Ferdydurke de Gombrowicz


encarnacion.jpgEncarnación es la historia de Encarnación Levier. O más bien de Ernie Levier, y de cómo no quiso ser Encarnación, y de cómo hace para seguir siendo Ernie. Y Encarnación también es la historia de Ana, la sobrina de Ernie. Y de la mirada de Ana sobre Ernie. Y considerando que Ernie tiene 48 años y Ana está por cumplir 15, Encarnación es también la historia de una iniciación.
Ernie Levier es una ex vedette, o como quiera que sea el término que se utiliza para describir a esas actrices que se han dedicado al teatro de revistas, a determinados programas de televisión, a algunos comerciales y a ciertas películas. Quedará más claro si decimos que Ernie Levier está interpretada por –o encarnada en– Silvia Pérez, grabada a fuego para muchos como “chica Olmedo”, y que entre 1979 y 1988 participó de una decena de películas con títulos como Las muñecas que hacen ¡Pum!, El telo y la tele, Las minas de Salomón Rey y El manosanta está cargado. (Confesión: de aquellas a las que intenté entrar como menor, El manosanta está cargado fue la única película a cuya sala no logré pasar. Cine del hecho: Alfa o Sarmiento. Los dos hoy son el Bingo Lavalle.) En esas películas, básicamente de los ochenta, Silvia Pérez fue en general un gran “erotic relief”, como en la memorable salida de la ducha en Las minas de Salomón Rey. En 2006 volvió al cine con un papel de reparto, de atractivo sexual, en Cara de queso.
En Encarnación, Silvia Pérez tiene el protagónico en una película encuadrada en el nuevo cine argentino, presentada en Toronto y San Sebastián y premiada en ambos festivales, y que aparece –en la buena compañía de Una novia errante de Ana Katz– como otra ficción argentina de 2007 dirigida por una mujer y que no solamente trata sobre mujeres sino que además propone una mirada distintiva (ver el artículo “Una cierta mirada”, de Josefina García Pullés y María Vicens de EA 183). Los resultados de Encarnación dependían de la sinergia que pudiera conseguirse, de un lado, entre el armado del guión escrito a ocho manos y la puesta en escena de Anahí Berneri y, del otro, del cuerpo de Silvia Pérez, entendido como apuesta integral. Silvia Pérez necesitaba más que “cumplir como actriz” para que Encarnación se convirtiera en una película especial.
En su primer largometraje, Un año sin amor (2004), Berneri tuvo como director de fotografía y camarógrafo a Lucio Bonelli. En Encarnación, a Diego Poleri. Ambas películas, en las que los cuerpos dominan la imagen, tienen muchos planos detalle o cercanos, planos que no solamente están presentes sino que además son muy significativos. Las dos películas comienzan con (en) la pantalla de una computadora vista con ominosa cercanía (cada vez más, una pantalla de computadora puede ser el presagio de absolutamente cualquier cosa). En ambos casos, la actividad que realiza el personaje en la computadora es comenzar a buscarse. En Un año sin amor, cuya acción transcurre en 1996, Pablo, el protagonista, comienza a escribir una novela/diario íntimo. En Encarnación, Ernie se busca de manera más directa: se googlea; es decir, pone su nombre en el buscador Google para ver qué se dice y qué se muestra en internet sobre ella. Pero más allá de los planos de pantalla de PC en la que se ve el pixelado, hay otros planos detalle que lo que revelan son partes del cuerpo de Ernie; casi se podría decir que revelan sus píxeles. Con casi cincuenta años (Silvia Pérez ya los cumplió), Ernie se mueve de manera jovial. Y, salvo que uno preste especial atención a ciertas partes del cuerpo, no aparenta la edad que tiene. Sin embargo, lo primero que vemos de Ernie, en planos muy cercanos, son sus manos, una parte del cuerpo en la que no es sencillo ocultar o disimular el paso del tiempo. En el juego que hace la película, al develar tanto el personaje de Ernie como la imagen de Silvia Pérez, los planos sobre sus manos son de crucial importancia. El personaje y la imagen se sinceran, y pueden crecer a partir de poner el cuerpo. El primer talento y la primera entrega de Pérez como actriz parte de esta relevante “honestidad manual”, y así se inicia su compromiso para lograr que Ernie sea un personaje digno de que una película lleve su nombre completo.
De las cuatro “chicas Olmedo” de los ochenta (ella, Adriana Brodsky, Susana Romero, Beatriz Salomón), Silvia Pérez fue siempre la de expresión más cálida y fotogénica, la que mejor supo sostener diálogos con la mirada y la de mayor capacidad de improvisación (recordar el sketch de Álvarez y Borges de No toca botón). Hoy, Silvia Pérez parece tener algún retoque facial, no del estilo bestial como los que se hizo Meg Ryan, pero aun así visible. Y Ernie se hace cargo de estos retoques y propone otro en su boca, a lo que su amante estable Jorge (Fabián Arenillas) le responde que no, que está linda como está. Y lo está, pero esas cosas deben demostrarse cinematográficamente. Parte de los logros de Berneri y Pérez en la construcción del personaje están en mostrarlo en movimiento: Ernie camina con intenciones arteras de seducción, pero a la vez con acompasado encanto, sin plásticos, con la afectación justa. Hay un aire general de frescura insolente en el personaje, que queda fijado en la provocación a Roberto (palurdo, estratega, calentón, servicial, simpático al acecho, gerente de hotel e incluso algo más, todo bien hecho por Luciano Cáceres). Ya desnuda en la cama, por corte directo desde la puerta del bungalow, Ernie le dice a Roberto: “¿Era así lo del almanaque?”. Ernie camina con desparpajo, con la insolencia de las francesas urbanas, pero no está taconeando en París sino en la avenida Corrientes y en Las Flores: taconea en un pueblo de la pampa, ya sea sobre baldosas que cubren el pasto con intermitencias o sobre la tierra. Ernie vive en la calle (avenida) Corrientes, y desde la ventana de su departamento ve los cartelones gigantes de los espectáculos “de revista” actuales, desde el más “fino” Bailando por un voto a los prototípicos de culos y tetas de vedettes + los sempiternos y semiabiertos brazos de señalización inefable de los cómicos. Ernie vive enfrente, en la vereda de enfrente, no tanto enfrentada sino separada de ese mundo y, como un conjuro, pone un afiche de la película “La buena tierra”, en la que actuó y que da la impresión ser una película “artie”.
Encarnación no es pretenciosa sino diáfana, abierta, directa, conectada con los ambientes: la avenida Corrientes importa, define, y también importan el sol, el campo y los espacios amplios de Las Flores. Ernie camina transpirada por una calle de tierra, y el polvo que levanta un coche se le pega en la cara, y Silvia Pérez demuestra con economía gestual ese malestar pegajoso: no es un fastidio adolescente sino una sensación de molestia reconocible que desaparecerá al tirarse a la pileta (y en ese pasaje está la clave de la resolución de la trama). Su sobrina Ana –lo único que le interesa a Ernie de su familia­–, por el contrario, es adolescente y pasa de euforias a fastidios, a pasiones que cambian de signo con facilidad (y Martina Juncadella la hace creíble, incluso en su pudor ante una fugitiva teta de Ernie que intenta escaparse del corpiño de la bikini). Y es esa relación entre Ernie y Ana, que Encarnación decide establecer como tenue motor narrativo, lo que termina de redondear esta película-retrato de rara ternura, de momentos sutiles como el del pase de la colchoneta, y de canciones compuestas especialmente para que signifiquen “canciones del montón”. El retrato de Ernie se empieza a completar desde la mirada corta de los amigos de su cuñado, que no se animan a decirle nada y esperan a que se vaya para proferir sus giladas. Luego vendrá el video enviado por mail, que muestra cómo Ernie deja su huella, su herencia, en su sobrina: el retrato de Ernie se completa así con su influencia sobre Ana. Con ese cierre delicado se llega sin agotamientos al final del recorrido de esta película, que describe a Ernie y a Silvia Pérez enmarcadas entre una pantalla de computadora y otra. Y la descripción crece visualmente y se presenta como retrato. Y Encarnación, al narrar con elegancia, luminosidad y ángulos diversos, pone ese retrato en movimiento.

“La identificación de las mujeres con la belleza era una manera de inmovilizarlas. En tanto que el carácter evoluciona, revela, la belleza es estática, una máscara, un imán para la proyección.”
Susan Sontag en “Una fotografía no es una opinión, ¿o sí?”

 
20 y 27 de mayo de 2010 PDF Imprimir E-mail
28.05.2010

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En estas dos semanas, una docena de estrenos.


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Sobre los premios PDF Imprimir E-mail
23.05.2010

Entre todas las cosas que podían pasar "malas" en este Cannes que acaba de terminar, lo que más temíamos era una Palma de Oro o un gran premio para la basura de Biutiful, perpetrada por Alejandro González Iñárritu. Pero a pesar de que todo parecía armado para eso (era la única película de la que se comentaba en todos lados, y cuando alguien pescaba mi acento castellano me preguntaba inmediatamente qué es lo que pensaba de eso -"Malheureusement, j'ai pas aimé, c'est le pire des films de monsieur Iñárritu", era mi respuesta- ) Tim Burton parece haber tenido buen ojo o, quizás, escuchado bien a Víctor Erice. Lo cierto es que los premios fueron muy buenos. De hecho, el premio de actuación para Bardem por el film del mexicano-hollywoodense, cantadísimo, quedó deslucido porque fue ex aequo con Elio Germano, gran actor de La nostra vita, un film no bueno pero, por lo menos, un film, dirigido por Daniele Lucchetti.
Lo más importante de todo es que la única obra maestra incontestable, perfecta del Festival, la única que no se podía discutir, se llevó la Palma de Oro. Uncle Boonmee, que recuerda vidas pasadas, merece no un artículo sino un libro. Es un film bello, rico y complejo, que le exige atención al espectador y le paga con una generosidad tremenda. Se aparta de los temas que recorrieron constantemente las películas vistas aquí (relación padre-hijo, relación mundo real-mundo virtual; relación cine-realidad) para crear una poesía propia. En fin, que es realmente lo mejor que hizo el tailandés, que ya tenía en su haber Blissfully Yours, Tropical Malady y Syndromes and a Century. O sea: imaginen lo que será ésta para ser mejor. Pero ya se escribirá al respecto (esperemos que alguin la compre).
Ok: se puede sospechar que la tremenda situación actual en Tailandia tuvo algo que ver a la hora de torcer el brazo del jurado hacia él, pero en parte, si se ven todos los premios, uno se da cuenta de que realmente hubo que discutir como la gente, y que los "compromisos" se diluyeron. No fue, dicen, un gran Cannes: con más razón hay que aplaudir que este jurado haya sido justo con lo que merecía defenderse. Si Binoche vino puesta (es la cara del afiche), nadie puede reprocharle nada al jurado porque su trabajo en la película de Kiarostami es excelente. Si Bardem era cantado,  o si la película de Chad Un homme qui crie parece ser el típico premio expiatorio de primermundistas con vergüencita, no se puede decir lo mismo del premio al mejor guión a Lee Chang-dong, de darle un premio (el de dirección) a la película más divertida de la Competencia (Tournée, joyita de Mathieu Amalric) o de cualquiera del resto. Sin duda, esta es la mejor obra de Tim Burton en los últimos años (no así de Erice, claro: nadie puede comparar El sol del membrillo con estos soles de la Costa Azul, tan brillants como efímeros).
Espero volver aquí. Valió la pena. Leonardo D'Espósito

 
Cannes 2010. Crónicas apresuradas 8 PDF Imprimir E-mail
23.05.2010
Esta última crónica del festival nacía con la pretensión de comentar el palmarés. Por una vez poco hay que comentar. Los comentarios ya están repartidos a lo largo de las crónicas anteriores. Las mejores películas han encontrado su lugar en el palmarés, de una forma u otra, y la mejor lo encabeza. ¿Qué más podemos pedir? Sin duda ha sido una decisión histórica, un gesto radical del mismo calibre que el de 1999 cuando se premió a Rosetta o 2003 cuando la Palma de Oro se la llevó Elephant. El jurado encabezado por Tim Burton ha cumplido con esa función que tantos jurados olvidan: hacer crítica cinematográfica, de la buena, de esa que aspira a cambiar el rumbo de las cosas.

Parecía un sueño imposible pero al final se ha cumplido. Lo mejor de este palmarés es que permite redimir al propio festival, cuya sección oficial apenas presentaba media docena de grandes películas y difícilmente podíamos salvar alguna más. No sé qué puede significar que dos de las peores hayan compartido el premio de interpretación. Ahora el festival será recordado por un palmarés magnífico, un palmarés histórico que señala a una de las grandes películas de los últimos tiempos, Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives, y a un cineasta destinado a marcar el futuro del cine; un cineasta que ya tendrá que ser tomado en serio incluso por aquellos que consideraban su cine como un capricho de los festivales y de ciertos críticos elitistas. Pues eso, ¡viva el elitismo y viva Apichatpong! Jaime Pena

 
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