El
número pasado. Pusimos a La pivellina
en una de las tapas; el estreno, pautado para junio, se atrasó varias veces y,
sobre este cierre, estaba anunciado para el 8 de julio. Cubrimos Camino, como estreno, con cuatro notas.
Y la película, supuestamente anunciada también para junio, saldrá directamente
en DVD (de cualquier manera, no logramos que la distribuidora de Camino nos comunique nada, nunca nos ha
mandado ni un mail hasta el momento aunque lo hemos solicitado). También con
cuatro notas cubrimos Vincere, de
Marco Bellocchio, que estaba anunciada para mayo, luego para junio, y ahora
vaya uno a saber cuándo se estrenará. Salvo por Camino, en todos los otros casos obtuvimos la información de las
fechas de estreno directamente de las distribuidoras, que después, por falta de
buenas salas en las que estrenar sus películas, postergan los estrenos. Cuando
nos llegaron los avisos de las postergaciones, la revista ya estaba impresa y
en los kioscos. Si los estrenos independientes no tienen fechas de estreno más
firmes, se nos hace difícil cubrirlos por adelantado, pero si finalmente se
estrenan cuando los anunciaron, a veces los cubrimos con varias semanas “de
atraso” porque somos una revista mensual. Cosas que pasan y de las que no somos
culpables. Échenle la culpa a un mercado copado por las grandes distribuidoras
y los tanques con muchas copias, ya lo hemos dicho muchas veces. De lo que sí
somos culpables es de no haberle puesto la firma a la nota sobre Mizoguchi que
engalanó nuestro número de junio. La escribió Marcos Vieytes, vayan nuestras
disculpas hacia él y hacia los lectores.
Este número. Enorme cobertura sobre Toy
Story 3, enorme cobertura (con dos entrevistas) sobre Independencia, Raya
Martin y el cine filipino. Además, completamos la cobertura del Bafici 2010,
entrevistamos a Liliana Mazure, vuelve Desde España y, como si todo esto fuera
poco, un redactor de El Amante se fue
a Sudáfrica así que tenemos una nota desde allá. ¿Seremos la única revista de
cine del mundo con un redactor en el mundial?
PD: la nota sobre Sudáfrica (al igual que el editorial sin esta posdata) fue escrita antes del partido de Argentina con Alemania, que aconteció entre el cierre del número y su salida. Parece que hubiera pasado una eternidad entre esa nota y su aparición impresa...
1) Qué es la animación digital. Cómo se usa la computadora. La tradición
animada clásica y las nuevas tecnologías. El señor John Lasseter. Los primeros
cortos y Toy Story.
2) La poética de Pixar. El mundo "real" y el mundo
"fantástico" unidos por el puente animado. Monsters Inc., la película
clave.
3) Mostrando lo invisible. Las influencias de Disney y Warner. Buscando a Nemo
y la recuperación de la narración clásica. La irrupción de lo (super)humano:
Los Increíbles.
4) Desafíos técnicos como desafíos poéticos: Wall-e. La reflexión sobre el
sentido del arte y de los artistas: Ratatouille. El paso del tiempo y la
tercera dimensión: Up y Toy Story 3.
dirección
John Hillcoat guión Joe Penhall, sobre la novela de Cormac McCarthy producción Paula Mae Schwartz, Steve Schwartz, Nick
Wechsler música Nick Cave, Warren Ellis fotografía
Javier Aguirresarobe montaje
Jon Gregory intérpretes
Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Charlize Theron, Robert Duvall.
Muñequita de barro Por Marcos Rodríguez
La novela de Cormac McCarthy era un terreno árido para cultivar una película:
un relato postapocalíptico centrado en los detalles mínimos de la supervivencia
en un mundo gris y muerto. El trabajo de McCarthy resultaba original, entre
otras cosas, por la ausencia incluso de uno de los costados más rendidores de
este tipo de historias: el Apocalipsis mismo. Al leer la novela no tenemos
datos de qué pasó, cuál fue la causa del desastre y si hay alguna esperanza de
recuperación. Despertamos en el postmundo y casi no se dice nada sobre lo que
hubo antes. Podíamos temer que en el traspaso al cine para una producción que
incluye nombres como Viggo Mortensen, Charlize Theron y Robert Duvall este
relato monocorde perdiera parte de su encanto. Y sí, alguna arista se redondeó,
pero en lo esencial La carretera de
John Hillcoat tiene el mismo sabor a tierra y ceniza que la de McCarthy.
El argumento es mínimo: un hombre y un chico caminan por una ruta desolada en
un mundo destruido, en el que ya no hay vida animal o vegetal. Avanzan hacia el
sur para evitar otro invierno frío. El fin del mundo, entendemos, ocurrió hace unos
cuantos años, y lo que vemos ni siquiera son los restos de la humanidad que
intenta sobrevivir a la hecatombe; son los restos de esos restos, algunas
personas sueltas (casi todos hombres, casi exclusivamente adultos) que rapiñan
y matan para sobrevivir. Los árboles muertos siguen de pie. Cada tanto hay un
terremoto. Todo es gris: el cielo, la tierra, el celuloide. El hombre y el
chico pasan días en los que no encuentran qué comer, pero tienen que seguir
avanzando. Cada tanto se cruzan con otro sobreviviente y es entonces cuando se nos
ponen los pelos de punta. En esta película maravillosamente apagada estallan
pequeños rincones de tensión que aparecen de pronto, sin causa, llegan al cenit
desde la nada y estrellan los nervios. El suspenso y el miedo no se construyen;
irrumpen y después desaparecen.
Una película tan puro piel y huesos puede resultar dura, pero resulta sobre
todo desconcertante. Podríamos vernos tentados a interpretar La carretera como una especie de
metáfora sobre la situación del mundo hoy: todos contra todos, la civilización
descarriada, los desastres naturales y esas cosas (pensando, por ejemplo, en otra
película que también se basó en una novela de McCarthy, Sin lugar para los débiles). Podría leerse de esa forma. Pero la
película (como la novela antes que ella) no pide
ser leída así. No hay señales claras. Podríamos pensarla también como una
reflexión sobre qué es lo que nos hace ser lo que somos (el “fuego” que se
menciona en la película). Y podríamos buscar otras variantes más. La carretera es en sí tan mínima que puede
significar estas cosas y ninguna al mismo tiempo. Como una estatuita de barro
cocido que perteneció a una civilización perdida y a la que hoy un arqueólogo encuentra
aislada de todo contexto, esta película podría querer significar cualquier
cosa. Cada uno que se le acerca conjura una hipótesis, una lectura de lo que a
lo mejor pensaban las personas que esculpieron la figurita de formas
redondeadas.
Una imagen que se nos superpone es la de Viggo Mortensen, sucio y desgreñado, con
una cara que recuerda a la de su personaje en El Señor de los Anillos. Por un lado tenemos el mundo de las
historias mitológicas, de un pasado fundacional, y por otro uno agotado en el
que ya no hay historias. Un mismo gran actor une dos extremos opuestos pero
parecidos. La carretera, como esas esculturas
primitivas, tiene rasgos toscos. Y uno de esos rasgos es el misticismo, toda la
charla sobre “caminar con un ángel” y “cuidar el fuego”. Esos desmanes de
sentido conviven con escenas de una gran crudeza de canibalismo y demás en el
contexto de una humanidad en extinción, despojada de todo. La carretera busca ser una película primitiva, pero no
primitivista. No hay exotismos o exhibicionismo, sino un tono seco y crudo. Por
eso maneja, por ejemplo, una edición muy brusca para introducir sueños y
recuerdos, imágenes sin transición que cortan, violentan, pero no se detiene
más de lo necesario al mostrar cadáveres y descomposición (como sí pasa, por
ejemplo, en El libro de los secretos,
otra película postapocalíptica). Las interpretaciones religiosas vienen de los
diálogos de los personajes, pero no son los que plantea necesariamente la
película. El tono distanciado y la atención a los personajes que funcionan por
sí mismos abren un campo de ambigüedad muy grande. O, más bien, un campo de
silencio. La carretera no termina de explicarse
del todo, no termina de entenderse del todo. Se disfruta, si ésa es la palabra
que queremos elegir; se respira, nos envuelve en un extremo de nuestras propias
posibilidades.
Publicado en el número 215
La aparición de Jarmuschen la década de los 80’de la” New Wave Americana”
(Nueva York como contexto, la relación de músicos y cineastas, el
apadrinamiento de Nick Ray y Win Wenders)
-JAMES GRAY
(el policial negro, la década del 70’ y la influencia del cine europeo).-
-DAVID
GORDON GREEN
( La influencia de la década del 70’, la influencia del “cine
poético” de Malick.-
La variedad de géneros.)
-GREG
MOTTOLA
La comedia de fines de los 90’, el apadrinamiento de Judd
Apatow en la nueva comedia americana y la influencia del cine de los 80’.-
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