Una tradición tanguera abandonada hace ya tiempo es la del cantor acompañado
únicamente por la guitarra que él también ejecuta. Existen diversos tipos de
formaciones adosadas a los cantantes (incluida la de algún virtuoso guitarrista),
pero la del intérprete que además toca el instrumento, al menos en el tango, no
prolifera. Pues bien, Juan Ciocchini (Choco) retoma esa antigua tradición en su
primer trabajo discográfico. Había visto a Choco hace poco tiempo en un
concierto en vivo y me había parecido un correcto cantor y guitarrista, sin
rasgos personales demasiado destacables. Sin embargo, para mi sorpresa, la
audición de este disco superó aquella sensación. Interpretando un repertorio
ecléctico que incluye tangos milongas, un par de estilos criollos y algún
candombe, el artista muestra que es una figura a considerar. Con un estilo
sobrio y sin desbordes, Ciocchini recorre los diversos temas elegidos con una
adecuada aproximación al tono requerido por cada uno. Además, afortunadamente
varios de ellos se alejan de los repertorios habitualmente transitados. Así el
disco comienza con el hermoso tango Viejo
baldío, objeto de una sentida versión y continúa con la emotiva milonga Betinotti, de Piana y Manzi. Es muy
buena la interpretación de No te apures
Carablanca, tango con reminiscencias camperas y también son destacables las
versiones de dos estilos criollos de Gardel y Razzano, La mariposa (no confundir con el tango) y A mi morocha, así como sus aproximación al candombe Tamboriles y el tango Mi vieja viola, que cierra la placa. La
milonga Sin novedad, de Ubaldo
Martínez sufre de una jocosidad algo superficial y la Milonga triste y Guitarra dímelo tú, de Atahualpa Yupanqui, tienen el inconveniente
de contar con varias grandes versiones anteriores. De todos modos, un
interesante debut y un intérprete a seguir. Jorge García.
Pionero de la renovación en el tango junto con Astor Piazzolla (y opacado
injustamente por la imponente figura de Astor), Eduardo Rovira ya a fines de
los años 60, en su legendario LP Tango
vanguardia incluía un arreglo para cuarteto de cuerdas del tango Nostágico, de Julián Plaza. Varios años
después fue Leo Lipesker quien creó una formación de esas características de
efímera duración, intentando otorgarle al tango una expresión –por llamarla de
algún modo- “camarística”. Ahora es el violinista Leonardo Ferreyra, quien a
pesar de su juventus ya cuenta con una prolongada carrera en diversas
orquestas, el que se encarga de recrear esa formación a partir de arreglos
escritos para su padre, también violinista, por músicos de la talla de Pascual
Mamone, Omar Valente, Néstor Marconi y el mencionado Rovira. Acompañado por
Diego Tejedor como segundo violín y los suizos Sophie Lussi en viola y Andreas
Ochsner en cello, el cuarteto desarrolla un programa compuesto por clásicos
indiscutidos de la música porteña y otras composiciones más nuevas, en las que
el grupo da muestras de un gran afiatamiento y cabal comprensión de la manera
en que debe acercarse a cada pieza. Así desfilan dos de los más hermosos temas
románticos del repertorio tanguístico, como lo son Flores negras, de Francisco De Caro y Divina, de Joaquín Mora, Nunca
tuvo novio, de Agustín Bardi y Todo
corazón, uno de los primeros éxitos de Julio De Caro, dedicado al
cardiólogo Enrique Finocchietto. Son muy buenos los arreglos de Marconi para su
tema Tiempo cumplido y el Decarísimo piazzolliano. Pero
posiblemente los highlights del disco
sean los arreglos de Eduardo Rovira para tres de sus temas, en los que se puede
apreciar su notable creatividad y el muy elaborado tratamiento que realiza
Leonardo Ferreyra de Sin lágrimas, el
bello tema de Charlo. Un muy buen trabajo que demuestra –por si fuera necesario-
las infinitas posibilidades musicales que ofrece el tango. Jorge García.
Ya en ocasión de comentar algún otro disco suyo hemos señalado las virtudes
como armoniquista de Franco Luciani, algo que lo convierte en el indiscutido
sucesor de la figura enorme y señera del santiagueño Hugo Díaz. Dueño de una
técnica prodigiosa y un absoluto dominio del instrumento sin caer nunca en el
virtuosismo gratuito y que, además, le permite interpretar sin problemas tanto
ritmos folclóricos como tangos (es probable que en algún momento, como el gran
Hugo, y dada su gran capacidad como improvisador, incursione en temas
jazzísticos). Este disco es la reedición del primer trabajo de Franco Luciani,
lanzado en forma totalmente independiente en el año 2003 y hoy inhallable y en
él, acompañado por Ezequiel Lanteri en guitarras, Facundo Peralta en bajo y
Sebastián Posella en percusión interpreta un repertorio esencialmente
folclórico, con la inclusión de un tango, un vals y una milonga. Dentro de una
selección de gran nivel y muy pareja si me obligan a elegir me quedo con las
formidables versiones de las zambas La
añera, de Atahualpa Yupanqui y la bellísima La pomeña, del Cuchi Leguizamón, su interpretación de Sur, de Aníbal Troilo, hoy ya un clásico
en sus conciertos en vivo y el hermoso vals Flor
de lino, de Hector Stamponi. Pero también son excelentes las chacareras que
toca y su sensible versión a María va.
Un disco sin desperdicios que ratificará para sus seguidores las virtudes de
Franco Luciani y para aquellos que no lo conozcan será una excelente primera
aproximación. Jorge García.
HERB ELLIS(1921-2010)
Excelente guitarrista, con menos renombre que otros intérpretes de ese
instrumento, pero capaz de ejecutar solos de gran swing y transparencia. Nacido
en Texas como Mitchell Herbert Ellis, desde muy niño se interesó e la música,
ejecutando la armónica antes que la guitarra. Luego de participar en la Orquesta Casa Loma
formó un trío vocal e instrumental en 1953, con el que tocó varios años. En
1959, reemplazó a Barney Kessell en el trío sin batería del pianista Oscar
Peterson, que completaba el contrabajista Ray Brown. Heredero –como muchos
otros guitarrista de su generación- del gran Charlie Christian, los años que
tocó en ese trío fueron decisivos para su desarrollo, a partir de las
complejidades rítmicas y armónicas que proponía esa particular formación.
Cuando dejó ese grupo, fue durante varios años acompañante de Ella Fitzgerald y
luego- como muchos otros músicos-, desarrolló una prolongada carrera en Europa.
Los años 80 propusieron un reverdecer de su carrera, liderando varias formaciones
para el sello Concord Jazz. De fuerte formación blusera, algunos de esos discos
y sobretodo su participación en el trío antes mencionado le proporcionan un
lugar remarcable entre los guitarristas de jazz contemporáneos. Jorge García.
ED THIGPEN (1930-2010)
Curiosamente, Edmund Leonard Thigpen fue quien suplantó a Herb Ellis en 1959,
cuando Oscar Peterson decidió reemplazar en la formación la guitarra por la
batería. Nacido en Illinois, Chicago, de joven realizó estudios de sociología,
pero la influencia familiar (su padre fue baterista varios años de la orquesta
de Andy Kirk) lo inclinaron por la música. Su debut se produjo en la orquesta
de Cootie Williams en 1951, pero su consagración llegó en los seis años que
trabajó con Peterson y Ray Brown. Baterista discreto y contenido, alejado de
los exhibicionismo “paleros” y que siempre le dio gran preponderancia al
trabajo con las escobillas, ayudó en esos años al particular sonido del trío. También
trabajó en Europa en numerosas formaciones y su carrera registra muy pocas
apariciones como líder, pero su delicado sentido del swing permanecerá en la
memoria de los jazzeros, sobre todo de los admiradores del trío de Oscar
Peterson de los años 60. Jorge García.
LENA HORNE (1917-2010)
Luego de trabajar como bailarina en 1934 en el famoso Cotton Club debutó luego como cantante en la orquesta de Noble
Sissie, trabajando luego con Charlie Barnet y Teddy Wilson. En 1942 comenzó una
carrera cinematográfica que incluyó papeles relevantes en musicales como Tiempo tormentoso y Una cabaña en el cielo, opera prima de Vincente Minnelli
protagonizada exclusivamente por artistas negros. Con una filmografía bastante
extensa que hasta incluye algún western, nunca dejó de cantar, tanto con
orquestas como en diversos cafés, donde impuso su peculiar estilo entre cabaretero
y jazzístico. Dueña de una voz agradable y buen sentido del swing, se mantuvo
activa prácticamente hasta nuestros días. Jorge
García.
HANK JONES (1918-2010)
Hace pocos meses –y por segundo año consecutivo- se anunció la presencia en
Buenos Aires del gran pianista Henry “Hank” Jones, pero su fallecimiento
impidió que ese evento se realizara. Nacido en Michigan, fue el primero de
cinco hermanos, dos de ellos, el trompetista Thad y el gran baterista Elvin,
tanto o más famosos que él. Nacido en Michigan , la buena posición económica de
su familia le permitió realizar estudios musicales de alto nivelsiendo su encuentro en Nueva York en 1944 con
los pianistas Bud Powell y Al Haig decisivos para su formación musical y
desarrollar un lenguaje marcado por el naciente be bop , alejado de sus influencias iniciales. A lo largo de casi
siete décadas tocó con una innumerable cantidad de músicos (fue el ´pianista
preferido de Charlie Parker para sus grabaciones para el sello Verve). Ejecutante de gran versatilidad,
su gusto refinado y plagado de matices y su gran sentido del swing hicieron que
fuera elegido como acompañante por una enorme cantidad de músicos para
participar en sus grabaciones, aunque su carrera en diferentes tríos, y como
solista, también fue brillante. Tal vez la mejor formación que lideró fue The Great Jazz Trio, donde acompañado
por notables músicos (los bajistas Ron Carter y Richard Davis, Tony Williams y
su hermano Elvin en batería) dejó varios registros memorables. Jorge García.
MIGUEL DE CARO. Escualo. Acqua Records 251.
MARIANA MELERO. Beira mar. Acqua Records 252
DIEGO AMADOR. Río de los canasteros. Acqua Records 260
CARDENAL DOMINGUEZ, HERNAN REINAUDO, ARIEL ARGAÑARAZ. Trío. Acqua Records 261
Como ya señalamos en alguna oportunidad, Acqua Records es uno de los sellos
independientes argentinos que difunde música de muy buen nivel, apareciendo en
su catálogo tanto artistas consagrados como nuevas figuran en búsqueda de
reconocimiento. Este paquete, integrado por 4 CDs bien distintos entre sí, es
una acabada muestra de lo señalado.
Miguel De Caro es un músico que, desde hace varios años interpreta tangos con
su saxo, buscando una sonoridad diferente a las habituales dentro del género.
Sin las búsquedas vanguardistas y casi experimentales que realiza con ese
instrumento Jorge Retamoza, su fraseo de cuño piazzoliiano, con el que
desarrolla amplias líneas melódicas, no exentas de lirismo, lo convierten en un
muy interesante exponente del tango contemporáneo. El repertorio de este disco
incorpora –a partir de esas premisas- varios temas del gran Astor, que son
recreados sin caer en la imitación facilista. Así Escualo y Libertango
ofrecen una gran complejidad rítmica, mientras Invierno porteño rezuma melancolía y Adiós Nonino está expuesto tratando de alejarse de las versiones
transitadas. Acompañado por Koh Igarashi en bandoneón, Demetrio Koutsovitis en
piano, quien ofrece algunos excelentes solos, Osvaldo Tubino en bajo y Rodrigo
Quirós en percusión, De Caro también ofrece un par de temas del gran
acordeonista francés Richard Galliano –tres de los que el saxofonista es autor,
entre los que se destaca Para adelante–
y una emotiva versión de Soledad, el
clásico de Gardel y Le Pera. Un disco atractivo, con una sonoridad diferente
entre las numerosas expresiones actuales dedicadas altango.
La interpretación de música brasileña por intérpretes oriundos de otras tierras
tiene sus riesgos por la dificultad con que se encuentran muchas veces esos
artistas (si lo sabrá Frank Sinatra) para captar el auténtico tono que
requieren las canciones de ese país. Afortunadamente Mariana Melero ha
conseguido en este disco trasmitiir con autenticidad y sin esfuerzo los climas
apropiados. Con el excelente soporte que le brindan los arreglos de Rodrigo
Aberastegui -quien además la acompaña en todos los casos interpretando diversos
instrumentos- y con la participación de
una buena cantidad de músicos invitados, la cantante reúne un puñado de temas
de grandes figuras de la música brasileña, a lo que le suma un clásico de Lennon
y McCartney y un par de canciones de su autoría. Dueña de una voz agradable,
afinada y bien modulada, Melero ofrece bonitas interpretaciones de hermosos
temas como Menino do río, de Caetano
Veloso, Rainha do mar, de Dorival Caymmi, el no demasiado conocido Correnteza, de Tom Jobim y Luiz Bonfá,
el inevitable Carinhoso, de Pixinguinha
y En la orilla de este río, sobre un
poema del gran poeta portugués Fernando Pessoa. Menos convincente es su versión
en castellano de Futuros amantes, de
Chico Buarquey, en cambio, es muy
atractiva su recreación de Hold me Tight,
de los Beatles, Un disco, en líneas generales, muy placentero de escuchar.
En los últimos tiempos han proliferado los cantantes y músicos –algunos muy
importantes como el guitarrista Paco de Lucía y el saxofonista y flautista
Jorge Pardo- que fusionan la tradición del flamenco y el cante jondo con
elementos provenientes de diversas corrientes de la música pop. Entre ellos se
encuentra el cantaor y tecladista (aunque también interpreta guitarra y bajo)
Diego Amador. En Río de los canasteros,
Amador recorre diversos palos del flamenco, con amplia preponderancia de los
más jocundos y alegres. Si como cantaor se lo puede encuadrar en la línea
representada por el gran Camarón de la
Isla, como tecladista su sonido aparece comomás original y creativo. Dentro de un
programa variado y ecléctico cabe destacar sus interpretaciones de la taranta Aires de Levante, el tema más dramático
del disco, el que da título a la placa, un aire de bulería en el que participa
el notable guitarrista Tomatito y la rumba instrumental Al latín, con un excelente solo suyo en piano y destacadas
intervenciones de Raimundo Amador y Luis Salinas en virtuosos solos de
guitarra.
A partir del auge que se ha producido –al menos a nivel de intérpretes- dentro
del tango, han surgido una serie de cantantes de ambos sexos –con
predominancia, justo es decirlo, de mujeres- que proponen –sin renegar de la
tradición- unaaproximación diferente en
la manera de interpretar tangos clásicos; uno de esos cantores es el Cardenal
Domínguez, surgido, como otros colegas suyos (vg.el chino Laborde) del rock, da
la sensación, sin embargo, de haber cantado tangos toda la vida. En este disco
–compuesto mayoritariamente por títulos esenciales del cancionero porteñoestá solo acompañado por dos excelentes
guitarristas, Hernán Reinaudo y Ariel Argañaraz, algo que le otorga a la placa
un estilo más intimista que a sus grabaciones anteriores. Haciendo gala de un
fraseo excelente y un profundo feeling,
el Cardenal ofrece un repertorio al que solo cabe calificar de óptimo. Así
desfilan excelentes versiones de títulos fundamentales como Olvido, Marioneta, una infrecuente versión cantada de La mariposa, Pompas, el
formidable primer tango que compusiera Enrique Cadícamo, tres joyas del gran
Homero Manzi, De barro, Tal vez será su voz y la dramática Milonga triste y Soledad, uno de los mejores temas de la dupla Gardel-Le Pera. Pero
si tengo que elegir dos highlights me
quedo con la notable versión de Trenzas,
uno de los más bellos poemas surgidos de la pluma de Homero Expósito y el
hermoso y poco conocido estilo pampeano El
sueño, de Francisco Martino. Un excelente disco, al que el mejor elogio que
se le puede hacer es que interpretando un repertorio integrado por tangos que
fueron éxitos de distintos cantores de primera línea, las versiones del
Cardenal Domínguez, compiten sin desmerecer frente a ellas. Jorge García.
EL DESIERTO DE LOSTARTAROS, Il deserto dei tartarí (1976, Valerio Zurlini). Europa, Europa, 11.45 hs.
Adaptación de una novela de Dino Buzzatti, con un formidable reparto, ambientada en un fuerte militar perdido en el desierto. Un relato de una atmósfera marcadamente kafkiana.
MAD MAX: EL GUERRERO DEL CAMINO, Mad Max (1979, George Miller). TCM, 22 hs.