http://www.elamante.com
Home arrow Críticas arrow Video / DVD
Video / DVD
Editorial 214 PDF Imprimir E-mail
11.03.2010

Hay nombres: Herzog con su desquiciado policía, De Palma con Irak, Burton con su Alicia. Hay películas: Aquel querido mes de agosto y su estreno en 35mm, o las Toy Story y su presentación en 3D antes de que venga la tercera de la saga de Woody y Buzz. Hay polémicas: Preciosa. Y hay polémicas y nombres: los Coen, Peter Jackson. Hay regresos: Mel Gibson, Terry Gilliam. Y un director argentino, Santiago Loza, estrena dos películas en un mes. Antes se decía que funcionaban bien las películas con nominaciones para el Oscar. Ahora parece que eso no ayuda demasiado. Ah, los Oscar. Para cuando salga este número ya habrán sido entregados. Y el día que salga este número se estrenará la película de otro “nombre”: La isla siniestra, de Martin Scorsese, que no logramos ver con tiempo como para incluirla en este número. Algunos la vieron en la misma mañana del cierre, ya con todo el número diseñado y pautado. Habrá que cubrirla en el número que viene, aunque en nuestro sitio de Internet les diremos las primeras impresiones. Y la nueva película de Wes Anderson fue directo a DVD. La comentamos y nos lamentamos por no poder verla en cine.
La sección Llego tarde viene nutrida, con nuestro colaborador gallego en contra de Invictus, algo más sobre Amor sin escalas (película que vio poca gente pero de la cual casi todos los redactores de El Amante quisieron decir algo) y una nota sobre Los amantes, de James Gray (una película que cada vez gusta más y que fue una de las sorpresas del año pasado, y que sigue generando ganas de escribir).
Como siempre, hay muchas ganas de escribir sobre películas que entusiasman o que nos irritan (y hasta escribimos sobre las que nos provocan indiferencia). Y también hay ganas de escribir sobre temas que no están guiados por la cartelera sino más bien regidos por la cada vez más campante anarquía. Vean si no lo que ocurrió a partir de la página 42.


Publicado en el número 214

 
Habría que hacer un dossier sobre Sandra Bullock PDF Imprimir E-mail
08.03.2010
sandra-bullock-blind-side.jpg
Esta nota es un adelanto del número de marzo, el que saldrá este jueves 11. La nota fue escrita varios días antes de que Sandra Bullock ganara el Oscar.
Leer más...
 
Una mala excusa PDF Imprimir E-mail
08.03.2010
el_secreto_de_sus_ojos.jpg
Leer más...
 
4 de marzo de 2010 PDF Imprimir E-mail
04.03.2010

bad-lieutenant-port-of-call-new-orleans.jpg
Cuatro estrenos. Tres de cierto peso. Y otro...


Leer más...
 
Editorial 213 PDF Imprimir E-mail
12.02.2010



Un número fuerte. Invictus ha dado lugar a múltiples discusiones: que si el rugby está bien mostrado, que si no, que si la política, que si el fin del Apartheid no es el fin del racismo (obvio, el fin del Apartheid es apenas el deseo del comienzo del fin del racismo), que si Eastwood es esto o lo otro. En este número, hay tres notas favorables sobre la película. Seguramente ya llegarán las voces disonantes. Vivir al límite, la película de Kathryn Bigelow, llegó a una de nuestras tapas, y además revisamos los largometrajes anteriores de la hermosa Kathryn B. Hay un par de detractores de Vivir al límite, pero no quisieron escribir. Amor sin escalas (Up in the Air), de Jason Reitman, motivó larguísimas discusiones por mail y varias notas en este número (y hasta quedó alguna ya escrita para el número que viene).
Avatar, ah, Avatar. A las discusiones que se han generado por todos lados, nosotros sumamos tres notas más, y además se habla mucho de Avatar en... ¡la entrevista que le hicimos a Ángel Faretta! Faretta, insoslayable, mítico y muy polémico crítico, brilla con sus ideas, que son muchas, muy atractivas y definitivamente aptas para la discusión.
Hay varias notas sobre Eric Rohmer, que murió en enero. Nuestro verano y el invierno del Norte se han llevado a mucha gente del cine o relacionada con él, tanta que no damos abasto con los obituarios: no hemos escrito sobre J.D. Salinger –por si les interesa, en el número 119 hay una nota sobre Wes Anderson y Ben Stiller, que relaciona el cine de Anderson con el escritor– ni sobre Dan O’Bannon, el –entre otras cosas– guionista de Alien, ni sobre Iván Zulueta.
Y hay mucho más, como un especial de películas sobre el Apocalipsis, un tema que parece ocupar y preocupar al cine y al mundo. Y a una Buenos Aires que se ha convertido en una ciudad con calor tropical y lluvia tropical pero sin –puta suerte– playas tropicales.
 
Rohmer, los tarotistas y las benditas cuestiones morales PDF Imprimir E-mail
13.01.2010


por Ezequiel Schmoller

Rohmer es un director de cine que está siempre con sus personajes. No los suelta. No deja de mostrarlos. Aparecen hasta en los títulos. Mi noche con Maud, Pauline en la playa, La rodilla de Clara, La carrera de Suzanne, El signo de Leo. Si un personaje rohmeriano ve algo que le llama la atención, Rohmer elige mostrar su cara de sorpresa y no el algo que genera la sorpresa. Los gestos faciales y sus metamorfosis son, para el director francés, casi siempre, lo más digno de ser retratado. Esto pasa, por ejemplo, en la escena del bar de Las noches de luna llena. Un personaje va al baño y el otro se queda tomando café en la mesa. Mientras espera, cree ver a determinada persona en otra mesa, pero no está seguro. Quizá sea alguien parecido. En ningún momento Rohmer nos muestra a la persona en cuestión. Vemos el rostro que mira, que pasa de la tranquilidad a la sorpresa y de la sorpresa a la perplejidad. Finalmente vuelve la persona del baño. El que se había quedado le cuenta que cree haber visto a…, el otro le pregunta si está seguro, y así terminan hablando en círculos durante un buen rato. El acontecimiento es algo lateral. Un disparador. Lo que importa de un acontecimiento no es el acontecimiento mismo, sino cómo lo ve o vive alguien y lo que termina generando, generalmente una discusión. Moral.
Por eso los acontecimientos en las películas de Rohmer suelen ser mínimos. O, mejor dicho, la idea que el director francés tiene de lo que es un acontecimiento es diferente de la que tienen casi todos. Rohmer muestra lo que casi todos elipsan, y omite o muestra mínimamente lo que para casi todos constituiría grandes núcleos narrativos. Las noches de luna llena de nuevo: dos personajes discuten largo y tendido sobre si asistir o no a una fiesta. A él no le gustan las fiestas pero quiere acompañarla. Ella quiere que él haga lo que quiera. La discusión gira sobre sí misma interminablemente. Al final, van ambos. En la fiesta pasan dos o tres cosas que Rohmer muestra como por encima, y la pareja vuelve a su casa. Vuelven, también, a discutir. El director francés le dedica todo el tiempo del mundo a la discusión. Mucho más tiempo del que dedicó a la fiesta. Quizás este sea el gran hallazgo y la gran virtud de Rohmer: detenerse donde nadie se detiene y explorar los momentos menos cinéticos de las relaciones humanas. Yo creo, por ejemplo, que la palabra “aventura” en el título 4 aventuras de Reinette y Mirabelle no es irónica. Para Rohmer pelearse con un mozo por no tener cambio o elegir darle o no unas monedas a un vagabundo son realmente aventuras. Morales. No es casualidad que en su polémica con Pasolini, Rohmer haya manifestado que le parecía mucho más interesante mostrar a alguien contando un sueño que reproducirlo visualmente.
Dicen que cuando uno está obsesionado con algo, empieza a verlo en todos lados. Que si un tarotista nos dice que nuestro número es el tres (¿los tarotistas hacen ese tipo de cosas?), vamos a empezar a ver el número tres en todos lados. A mí me pasó algo parecido con el cine de Rohmer. Estaba segurísimo de que el director francés se detenía siempre en el rostro de sus personajes mirando y no en lo que miraban, y empecé a ver eso en todas sus películas. Hasta que vi El rayo verde, en la que Rohmer filma más de un atardecer. Hay mucho más tiempo dedicado a atardeceres que a gente mirando atardeceres. Y pensé que mi teoría se iba por la borda. De repente el acontecimiento (el atardecer, el rayo verde) tenía más importancia que el personaje. O eso me pareció. Una semana después pude salvar mi hipótesis. Creo. Si en El rayo verde se muestra el rayo verde, no es porque tenga más importancia que el personaje mirándolo sino todo lo contrario. Justamente, no mostrarlo hubiera implicado dotarlo de misterio. Un gran misterio fuera de campo. En cambio, Rohmer elige mostrarlo y, al hacerlo, le resta importancia. No importa el rayo verde. Al fin y al cabo, lo vemos y no es más que un atardecer como cualquier otro, quizá sutilmente más verde. Pero es importante para la protagonista, que pega un alarido de emoción y da un vuelco a su vida.
Y así, siempre. Los personajes de Rohmer están siempre en primer lugar, bien en el centro de las películas, aunque estén fuera del encuadre. Aunque lo que veamos sea un atardecer. No son un material más en la paleta de un artista. No son portavoces de lo que piensa Rohmer. No son títeres ni piezas que hacen lo que hacen para que el director demuestre una hipótesis. Es difícil o imposible saber con certeza qué piensa Rohmer sobre sus personajes o sobre el mundo. Podemos intuir o adivinar qué temas, qué tipos de persona, qué benditas cuestiones morales le interesan, pero no qué cosas piensa al respecto. Su cine, aún siendo de una coherencia estética insoslayable, está hecho más de intereses que de certezas. 

Publicado en el número 165
 
<< Inicio < Anterior 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Siguiente > Fin >>

Resultados 1 - 10 de 2312
Buscador
FEBRERO 2010
Publicidad
Diseñado por Adaptive.com.ar